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Leonardo Da Vinci, el pintor

hace 1 mes| visto 39664 veces

Vida y obra de Leonardo di ser Piero da Vinci

Leonardo da Vinci es uno de los grandes genios del Renacimiento, destacando como artista, inventor y descubridor. Naci en 1452 en Vinci, siendo hijo ilegtimo de un notario florentino. Se cri en Florencia y aprendi en el taller de Verrocchio; con seguridad, Leonardo est en el taller de Verrocchio en 1476, como confirma una denuncia en la que se le acusaba de homosexualidad. Con 20 aos ya es maestro independiente, interesndose mucho por descubrir nuevas tcnicas para trabajar al leo. Sin embargo, continu ligado al taller de Verrocchio hasta prcticamente su marcha de Florencia. Su reputacin creca y los encargos aumentaban. En 1482 se traslada a Miln, ofreciendo sus servicios a Ludovico Sforza, Duque de Miln; haba marchado a Miln como embajador de Florencia, dentro del plan de los Medici de difusin del arte florentino como motivo de prestigio e instrumento de propaganda cultural. En Miln estuvo durante 17 aos, trabajando en variados proyectos de todo tipo, tanto artsticos como cientficos, en los que el deseo de experimentar era su principal objetivo. Esto no le impeda realizar encargos ocasionales para Florencia, que frecuentemente dejaba inacabados. Tras la invasin de Miln por las tropas francesas, regresa a Florencia para trabajar como ingeniero militar. Por estos aos realiz mltiples disecciones, mejorando y perfeccionando su conocimiento de la anatoma. En Florencia recibi el encargo de decorar una sala de la Cmara del Consejo, que nunca acab. En 1506 regres a Miln y al ao siguiente entr al servicio de Luis XIII de Francia, para quien trabaj como pintor e ingeniero. Entre 1513 y 1516 est en Roma, pero consciente de que no puede competir con Miguel ngel acepta la invitacin de Francisco I de Francia y se traslada all, falleciendo en el castillo de Cloux, cerca de Amboise, en 1519. Su produccin estuvo marcada por el inters hacia el claroscuro y el sfumato, la tcnica con la que difumina los contornos, consiguiendo una excelente sensacin atmosfrica como se aprecia en su obra ms famosa, la Gioconda. Su faceta como dibujante tambin es destacable, conservndose una gran cantidad de apuntes. Al final de su vida sufri una parlisis en el brazo derecho que le impeda pintar, pero no continuar dibujando y enseando. Poco se recuerda de los alumnos de Leonardo, cuya maestra se impuso con diferencia a la de aqullos que trabajaron con l. Entre sus colaboradores destacan los nombres de Francesco Melzi, Boltraffio, Lorenzo de Credi, Ambrogio y Evangelista de Predis, etc. Leonardo represent una ruptura con los modelos universales establecidos durante el Quattrocento. Se opuso al concepto de "belleza" ideal, defendiendo la imitacin de la naturaleza con fidelidad, sin tratar de mejorarla. Y as contempla la fealdad y lo grotesco, como en sus dibujos de personajes deformes y cmicos, considerados las primeras caricaturas de la historia del arte. Su dominio del color y la atmsfera le hace tambin el primero en ser capaz de pintar el aire. La perspectiva area o atmosfrica, como hoy se conoce, es una caracterstica inconfundible de su obra, en especial de los paisajes. Leonardo fue el primero en considerar que la distancia se llenaba con aire y que ste haca que los objetos lejanos perdiesen nitidez y se viesen azulados. Vivi en una poca en la que el humanismo y el estudio de los clsicos estaban de plena vigencia; sin embargo, parece que tuvo dificultades intentando aprender latn y griego, los idiomas cultos y la llave de acceso a la cultura filosfica neoplatnica que dominaba Italia y parte de Europa. Leonardo escribi la mayor parte de sus escritos en toscano, un dialecto florentino. Pero escriba al revs, como visto por un espejo. La obra pictrica de Leonardo es muy escasa y discutida. El signo del artista fue el abandono sistemtico de los proyectos que se le encargaban, por muchas medidas que tomaran los clientes mediante contratos, clusulas, etc. l mismo no se defina como pintor, sino como ingeniero y arquitecto, incluso como escultor. Sin embargo su prestigio en vida alcanz dimensiones prcticamente desconocidas. En Roma fue alojado en el palacio del Belvedere, la residencia de verano del Papa. El rey de Francia le invit al final de su vida y trat de acaparar sus escasas obras. Isabella d'Este, una de las mujeres ms importantes de su poca, le persigui durante aos para conseguir que terminara su retrato, del que slo ha quedado un dibujo en muy mal estado. Tras su muerte, Leonardo se ha convertido en el paradigma de "hombre del Renacimiento", dedicado a mltiples investigaciones cientficas y artsticas. Sus obras han determinado la evolucin del arte en los siglos posteriores, independientemente de que se trate de obras realmente del maestro o simples imitaciones o colaboraciones. Su vida personal es en gran parte un misterio; apenas han llegado indicaciones acerca de sus costumbres, gustos o defectos. Se sabe que era estrictamente vegetariano, por sus cartas y escritos sobre anatoma, en los que llama a los omnvoros "devoradores de cadveres". Tambin parece bastante probado que Leonardo era homosexual, sufri persecucin por este hecho y estuvo a punto de enfrentarse a la Inquisicin. Sus protectores consiguieron siempre que eludiera el juicio pblico, que en otros casos terminaba con la quema en la hoguera de los supuestamente culpables. En cualquier caso, Leonardo permaneci soltero y sin hijos. Tampoco sus discpulos parecen haber recogido la herencia del maestro, al menos en el terreno pictrico. La obra de los que trabajaron con l es prcticamente desconocida y de escasa calidad. El proyecto, inacabado, que Leonardo realiz para un "Tratado de la Pintura", fue recogido por Francesco de Melzi. El joven no lo orden ni lo supo conservar para su publicacin. Al cabo de los aos se consigui una edicin provisional, desordenada, sin coherencia, pero que progresivamente se trat de completar para dar una orientacin general de las ideas de Leonardo acerca de la pintura, la arquitectura, el cuerpo humano, la botnica... todos los temas, en fin, que ocuparon su mente a lo largo de su vida. El artista que tal vez se mostr ms influido por la obra de Leonardo fue Durero; al igual que el maestro italiano, Durero trat de demostrar el carcter cientfico de la pintura. Tambin supo apreciar el inters de Leonardo por las proporciones del cuerpo humano, del caballo y de la arquitectura. Como Leonardo, Durero proyect un Tratado sobre pintura y sobre proporciones que, igualmente, no lleg a publicar. Ambos artistas, cada uno en su pas, dieron un vuelco a la pintura tal como se empezaba a delimitar tras la eclosin del Renacimiento y la dotaron de un aire de modernidad que se mantuvo vigente hasta el arte contemporneo.
Leonardo da Vinci es uno de los grandes genios del Renacimiento, destacando como artista, inventor y descubridor. Naci en 1452 en Vinci, siendo hijo ilegtimo de un notario florentino. Se cri en Florencia y aprendi en el taller de Verrocchio; con seguridad, Leonardo est en el taller de Verrocchio en 1476, como confirma una denuncia en la que se le acusaba de homosexualidad. Con 20 aos ya es maestro independiente, interesndose mucho por descubrir nuevas tcnicas para trabajar al leo. Sin embargo, continu ligado al taller de Verrocchio hasta prcticamente su marcha de Florencia. Su reputacin creca y los encargos aumentaban. En 1482 se traslada a Miln, ofreciendo sus servicios a Ludovico Sforza, Duque de Miln; haba marchado a Miln como embajador de Florencia, dentro del plan de los Medici de difusin del arte florentino como motivo de prestigio e instrumento de propaganda cultural. En Miln estuvo durante 17 aos, trabajando en variados proyectos de todo tipo, tanto artsticos como cientficos, en los que el deseo de experimentar era su principal objetivo. Esto no le impeda realizar encargos ocasionales para Florencia, que frecuentemente dejaba inacabados. Tras la invasin de Miln por las tropas francesas, regresa a Florencia para trabajar como ingeniero militar. Por estos aos realiz mltiples disecciones, mejorando y perfeccionando su conocimiento de la anatoma. En Florencia recibi el encargo de decorar una sala de la Cmara del Consejo, que nunca acab. En 1506 regres a Miln y al ao siguiente entr al servicio de Luis XIII de Francia, para quien trabaj como pintor e ingeniero. Entre 1513 y 1516 est en Roma, pero consciente de que no puede competir con Miguel ngel acepta la invitacin de Francisco I de Francia y se traslada all, falleciendo en el castillo de Cloux, cerca de Amboise, en 1519. Su produccin estuvo marcada por el inters hacia el claroscuro y el sfumato, la tcnica con la que difumina los contornos, consiguiendo una excelente sensacin atmosfrica como se aprecia en su obra ms famosa, la Gioconda. Su faceta como dibujante tambin es destacable, conservndose una gran cantidad de apuntes. Al final de su vida sufri una parlisis en el brazo derecho que le impeda pintar, pero no continuar dibujando y enseando. Poco se recuerda de los alumnos de Leonardo, cuya maestra se impuso con diferencia a la de aqullos que trabajaron con l. Entre sus colaboradores destacan los nombres de Francesco Melzi, Boltraffio, Lorenzo de Credi, Ambrogio y Evangelista de Predis, etc. Leonardo represent una ruptura con los modelos universales establecidos durante el Quattrocento. Se opuso al concepto de "belleza" ideal, defendiendo la imitacin de la naturaleza con fidelidad, sin tratar de mejorarla. Y as contempla la fealdad y lo grotesco, como en sus dibujos de personajes deformes y cmicos, considerados las primeras caricaturas de la historia del arte. Su dominio del color y la atmsfera le hace tambin el primero en ser capaz de pintar el aire. La perspectiva area o atmosfrica, como hoy se conoce, es una caracterstica inconfundible de su obra, en especial de los paisajes. Leonardo fue el primero en considerar que la distancia se llenaba con aire y que ste haca que los objetos lejanos perdiesen nitidez y se viesen azulados. Vivi en una poca en la que el humanismo y el estudio de los clsicos estaban de plena vigencia; sin embargo, parece que tuvo dificultades intentando aprender latn y griego, los idiomas cultos y la llave de acceso a la cultura filosfica neoplatnica que dominaba Italia y parte de Europa. Leonardo escribi la mayor parte de sus escritos en toscano, un dialecto florentino. Pero escriba al revs, como visto por un espejo. La obra pictrica de Leonardo es muy escasa y discutida. El signo del artista fue el abandono sistemtico de los proyectos que se le encargaban, por muchas medidas que tomaran los clientes mediante contratos, clusulas, etc. l mismo no se defina como pintor, sino como ingeniero y arquitecto, incluso como escultor. Sin embargo su prestigio en vida alcanz dimensiones prcticamente desconocidas. En Roma fue alojado en el palacio del Belvedere, la residencia de verano del Papa. El rey de Francia le invit al final de su vida y trat de acaparar sus escasas obras. Isabella d'Este, una de las mujeres ms importantes de su poca, le persigui durante aos para conseguir que terminara su retrato, del que slo ha quedado un dibujo en muy mal estado. Tras su muerte, Leonardo se ha convertido en el paradigma de "hombre del Renacimiento", dedicado a mltiples investigaciones cientficas y artsticas. Sus obras han determinado la evolucin del arte en los siglos posteriores, independientemente de que se trate de obras realmente del maestro o simples imitaciones o colaboraciones. Su vida personal es en gran parte un misterio; apenas han llegado indicaciones acerca de sus costumbres, gustos o defectos. Se sabe que era estrictamente vegetariano, por sus cartas y escritos sobre anatoma, en los que llama a los omnvoros "devoradores de cadveres". Tambin parece bastante probado que Leonardo era homosexual, sufri persecucin por este hecho y estuvo a punto de enfrentarse a la Inquisicin. Sus protectores consiguieron siempre que eludiera el juicio pblico, que en otros casos terminaba con la quema en la hoguera de los supuestamente culpables. En cualquier caso, Leonardo permaneci soltero y sin hijos. Tampoco sus discpulos parecen haber recogido la herencia del maestro, al menos en el terreno pictrico. La obra de los que trabajaron con l es prcticamente desconocida y de escasa calidad. El proyecto, inacabado, que Leonardo realiz para un "Tratado de la Pintura", fue recogido por Francesco de Melzi. El joven no lo orden ni lo supo conservar para su publicacin. Al cabo de los aos se consigui una edicin provisional, desordenada, sin coherencia, pero que progresivamente se trat de completar para dar una orientacin general de las ideas de Leonardo acerca de la pintura, la arquitectura, el cuerpo humano, la botnica... todos los temas, en fin, que ocuparon su mente a lo largo de su vida. El artista que tal vez se mostr ms influido por la obra de Leonardo fue Durero; al igual que el maestro italiano, Durero trat de demostrar el carcter cientfico de la pintura. Tambin supo apreciar el inters de Leonardo por las proporciones del cuerpo humano, del caballo y de la arquitectura. Como Leonardo, Durero proyect un Tratado sobre pintura y sobre proporciones que, igualmente, no lleg a publicar. Ambos artistas, cada uno en su pas, dieron un vuelco a la pintura tal como se empezaba a delimitar tras la eclosin del Renacimiento y la dotaron de un aire de modernidad que se mantuvo vigente hasta el arte contemporneo.

Todas las obras del pintor

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Sus obras en museos

por G. Fernández - theartwolf.com
No hay artista más legendario que Leonardo da Vinci. En toda la historia del Arte, ningún otro nombre ha generado más debates, más discusiones y más horas de estudio que el genio nacido en Vinci en 1452. Pintor, escultor, arquitecto, científico e investigador, la figura de Leonardo ha generado multitud de leyendas, mitos, rumores sobre su homosexualidad, sobre su pertenencia o no a infinidad de logias o sectas, las extrañas historias sobre su estancia en el estudio de Verrocchio, o su al parecer extraña relación con varias de sus modelos -derivado al parecer de su ya comentada presunta homosexualidad- forman la larga lista de mitología leonardesca de la que el éxito de " El código da Vinci" es sólo su más reciente ejemplo.

Dejando al margen la mitología barata de los best-sellers , el Leonardo pintor ofrece una fuente continua de debate por una razón muy sencilla: se cree que aproximadamente dos tercios de la obra pictórica del maestro se ha perdido. Esto ha generado que, a lo largo de los últimos 150 años infinidad de críticos, divulgadores, o simplemente cantamañanas ávidos de atención hayan sacado a la luz multitud de pinturas publicitadas como un nuevo Leonardo , apoyados por textos y bocetos que testifican la existencia del original. El supuesto hallazgo de un nuevo original de Leonardo es siempre acompañado de un enorme eco en la prensa y círculos artísticos, y pone el nombre del presunto descubridor en el escaparate del no siempre cauto mundo del Arte.

Sobra decirlo: la inmensa mayoría de estos descubrimientos son simplemente basura carente de cualquier rigor histórico o investigación seria. No obstante, existen algunos debates e investigaciones merecedores de ser comentados, e intentaré mencionarlos aquí.

LA MADONNA DEI FUSI - ¿ORIGINAL O COPIA?

Uno de los debates más interesantes, y que se ha abordado con más seriedad, de los últimos años sobre la autenticidad o no de una obra considerada del taller de Leonardo es el que estudia las dos supuestas versiones más fidedignas del original -presuntamente perdido- óleo de Leonardo representando a la Madonna dei fusi , es decir, la Virgen de los husos (o Virgen del Aspa) Uno de ellos en la colección del Drumlanrig Castle (Escocia) famosa por haber sido robada recientemente, y otra, de altísima calidad, de la colección Reford de Montreal, y recientemente adquirida por un coleccionista americano (existen rumores de que el precio superó los 150 millones de dólares, lo cual resulta realmente difícil de creer.) Dejemos al margen la versión Ruprecht de Munich, al tratarse de una tela de muy distinta composición a estas dos.

¿Qué sabemos de este original? Básicamente tenemos el testimonio de una carta enviada a Isabel d'Este por Pietro de Novellara en 1501, en la que habla de ".una Virgen sentada como para aspar husos y el niño, con el pie un el cestillo de los husos, ha cogido el aspa y mira los cuatro radios que forman la cruz, como deseoso de ellos ríe y no parece quere devolvérsela a la madre, que parece querer usarla." ( 1) Este detallado testimonio ha sido utilizado como prueba indiscutible de la no autenticidad de las dos pinturas de las que nos ocupamos, suponiendo que los imitadores abandonaron el simbolismo del aspa y los usos, resaltando la cruz y el sacrificio.

De acuerdo, pero. ¿debemos fiarnos tan ciegamente del testimonio del tal Pietro? ¿Es una fuente ciertamente fidedigna? Sabemos que incluso Vasari, el gran Vasari, comentaba ampliamente obras que no había visto, dando lugar a confusiones históricas que el mundo del Arte ha tardado siglos en resolver. Entonces ¿por qué hemos de suponer a priori la veracidad de ese documento? ¿Por qué el documento escrito ha de prevalecer sobre el documento pictórico? ¿Podríamos invertir este razonamiento y declarar no fiable el testimonio de Novellara a raíz de lo evidenciado en no una, sino hasta tres versiones pictóricas?

No se trata, en principio, de declarar como poco veraz un testimonio, simplemente de ponerlo en duda, lo que nos puede dar pie a un nuevo análisis, más libre, menos condicionado. Además, es incluso posible que este testimonio se refiera a una primera versión de Leonardo sobre este tema, y que el propio maestro pintara, posteriormente (nótese que Suida, ignorando en texto de Novellara, propone 1506 como fecha de ejecución ( 2) ), una nueva versión en la que prescinda de los motivos del aspa y los husos.

Si prescindimos de esta premisa escrita. ¿qué tenemos? Dos versiones, casi idénticas en composición, pero con importantes diferencias en el paisaje de fondo, y con una evidente diferencia de calidad a favor de la tela ahora en Nueva York. Vamos a detenernos, pues, en esta pintura.

No es arriesgado decir que, de todas las supuestas obras de taller de Leonardo, esta es la de más alta calidad. Es una pequeña tela, originalmente una tabla, de pequeñas dimensiones (50.2- 36.4 cm .) El dibujo, especialmente el rostro de la Madonna , es bellísimo, el fondo es rico y equilibrado, y el color armonioso, con un evidente dominio del sfumetto , aunque es posible que haya sido parcialmente repintada en varias ocasiones. El rostro y la mano de la Madonna nos recuerdan inmediatamente a los de la "Santa Ana, la Virgen y el niño" de la Nacional Gallery , e incluso a los de la segunda versión de La virgen de las rocas , en el mismo museo. Pero es el fondo, tan similar al de la Gioconda (obra inmediatamente posterior a esta) lo más llamativo de la pintura. A este efecto, destacamos un muy interesante estudio llevado a cabo por Marco Versiero a raíz de la exposición de " Madonna dei fusi " en Arezzo, de julio a noviembre del año 2000 (3)

¿Podemos demostrar con todo esto la autenticidad sin matices de la versión neoyorkina? En absoluto, pero abre una nueva vía para el debate y la investigación de un periodo en la obra de Leonardo -la primera década del XVI- de la que tan sólo tenemos, como testimonio fiable, la famosísima Gioconda, de la que, por cierto, vamos a comentar algunas curiosidades.

LAS MIL Y UN GIOCONDAS

Si hay algo más impactante que publicar la autentificación de un nuevo Leonardo es publicar la autentificación de una nueva versión de El Leonardo, esto es, la Gioconda o Monna Lisa. A lo largo de las décadas, decenas de visionarios que se hacen llamar críticos han sugerido, en muchos casos con bombo y platillo, la existencia de otra Gioconda, ya sea suponiendo una segunda versión o negando la celebérrima del Louvre. Lo cual no deja de resultar ridículo, porque la dama parisina añade a su incontestable e inconfundible calidad una amplia documentación histórica, desde que fue adquirida por Napoleón I e incluso antes, que no dejan lugar a dudas sobre su autenticidad.

Válganos como ejemplo la llamada Monna Lisa de Isleworth (Inglaterra) que fue publicada como auténtica por H. Pulitzer en 1966 en el estudio Where is the Monna Lisa? notando su alta calidad y la presencia de dos columnas en los extremos del lienzo (apenas perfiladas en la tela del Louvre) que supuestamente la catalogarían como auténtica. La obra, de la que no se tiene certeza de su origen hasta su llegada a la colección privada inglesa, no fue lógicamente aceptada por la crítica. Y es que la Gioconda ha sido copiada infinidad de veces, por lo que la existencia de versiones de calidad ciertamente alta (por ejemplo la de la colección Luchner, o la del Museo de Tours) no debe significar su atribución inmediata a Leonardo.

No es el único caso. Incluso un historiador tan respetado como Antonio Manuel Campoy, en su monográfico sobre el Museo del Prado de 1970, no puede evitar sugerir la autenticidad de la versión (tal vez italiana y de finales del XVI) de la Gioconda con un discurso tan ilusionado como carente de lógica: " Los que hoy mantienen la primacía de la Gioconda del Louvre sobre la del Prado, ¿en qué se basan? Si es en noticias históricas, estas sobran para todos los argumentos que se quieran (??) Si es en la técnica, la verdad es que la Gioconda del Louvre permite en muy limitadísima medida rastrear la mano de Leonardo (????) ." ( 4) El argumento, constituído por dos flagrantes mentiras, sólo puede diculparse si entendemos el amor que Campoy sentía por el Prado, y su evidente deseo de "enriquecer" sus colecciones con una obra del maestro italiano

Y así podríamos seguir hasta el infinito, mencionando mil y un giocondas que mil y un visionarios han intentado colarnos, y llegaríamos a sugerir a modo de broma -o quizás no- que llegará el día que alguien evidencie la mano leonardesca en las Giocondas bigotudas de Dalí y Duchamp. Pero éste, al menos, es un caso cerrado. Sólo hay una Gioconda, y está en Paris, protegida por un grueso vidrio que, por cierto, casi impide su contemplación.

EL CATÁLOGO DISCUTIDO

Debido a los constantes debates sobre la autenticidad o no de las obras de Leonardo da Vinci, el catálogo de obras del maestro permanece en constante fluctuación, añadiéndose nuevas obras que son rechazadas al cabo de unos años, y eliminándose otras que son después readmitidas por ciertos sectores de la crítica. Vamos a comentar aquí las obras universalmente admitidas como auténticas.

OBRAS INDISCUTIBLES DEL MAESTRO

"Retrato de dama (Ginevra Benci)"
1474-76
Washington, Nacional Gallery
Pese a que a finales del XIX y principios del pasado siglo se escucharon algunas voces discordantes ( 5 ), en la actualidad nadie duda la paternidad leonardesca de esta pequeña joya, a la que Vasari llama acertadamente "cosa bellísima". Primera obra maestra de Leonardo

"San Jerónimo"
c.1480
Roma, Pinacoteca Vaticana
Nunca se ha dudado de esta obra inacabada

"La adoración de los magos"
1481-82
Florencia, Uffizi
Igual que en la anterior, nunca se ha puesto en duda.

"La Virgen de las rocas"
1483-86
Paris, Louvre
Indiscutible obra de Leonardo, con abundante documentación.

"La Virgen de las rocas"
1503-1506
Londres, National Gallery
La atribución a Leonardo, indiscutida en un principio, fue perdiendo fuerza a finales del siglo pasado, dadas las diferencias estilísticas con la versión del Louvre. No obstante, recientes estudios en profundidad del cuadro han demostrado la paternidad de Leonardo (6). La obra ha sido, probablemente, repintada con poca fortuna, y es incluso posible que las alas del tríptico no sean del maestro, pero la tabla central está fuera de toda duda

"Cabeza de muchacha (mujer despeinada)"
c.1490
Parma, Galería Nacional
Pocas voces discordantes, entre ellas las de Ricci y Suida (1929) No obstante, la belleza del dibujo y los numerosos documentos históricos la dejan fuera de toda duda.

"La última cena"
1495-97
Milán, Convento de Santa María de las Gracias
Indiscutible, y nunca puesta en duda.

"Santa Ana, la Virgen , el niño y San Juan"
c.1498
Londres, National Gallery
De nuevo una obra nunca discutida.

"Retrato de Isabel d'Este"
c.1500
Paris, Louvre
Obra inacabada y en deficiente estado de conservación, libre, no obstante de toda duda, a excepción de las de Goldscheider (1952), para quien sólo la cabeza es obra del maestro

"Retrato de dama (la Gioconda , la Monna Lisa)"
1503-05
Paris, Louvre
Obviamente, nunca discutida por ninguna voz autorizada

"Santa Ana, la Virgen y el niño con el cordero"
c.1510
Paris, Louvre
Obra magistral jamás discutida, pese a las numerosas copias conocidas

"San Juan Bautista"
1513-16
Paris, Louvre
Obra excepcional, de una perfección técnica increíble, que nunca ha sido discutida de manera seria, a pesar de que Müller-Walde y Berenson (quien posteriormente cambiaría de opinión) la consideran, increíblemente, obra de taller.

En total, apenas una docena de obras, a las que podemos añadir, como dos casos especiales:

"El bautismo de Cristo"
c.1472-75
Florencia, Uffizi
Obra de Verrocchio, maestro de Leonardo, parece no existir ninguna duda entre los críticos acerca de la autoría de este último sobre uno de los ángeles y una pequeña porción del paisaje tras el mismo

"Baco"
c.1511-15
Paris, Louvre
Obra de gran calidad pero que presenta incompresibles diferencias de estilo entre la figura principal (que ha sido además muy retocada) y el fondo de la pintura. La hipótesis más creíble, y aceptada mayoritariamente por los críticos actuales, es que se trata de una obra de colaboración entre Leonardo y su taller. No faltan, sin embargo, voces disidentes que excluyen al maestro de cualquier intervención (Frizzoni, Suida)

OBRAS ACEPTADAS PERO DISCUTIDAS

"La Anunciación"
c.1472-75
Florencia, Uffizi
Durante mucho tiempo fue considerada la primera obra pictórica de Leonardo. No obstante, en el transcurso del pasado siglo los críticos se dividieron entre aquellos que mantenían la autoría de Leonardo, los que hablaban de una obra en colaboración, tal vez con Lorenzo di Credi, y los que rechazaban cualquier intervención del maestro, optando por Ridolfo Ghirlandaio o incluso Verrocchio. Personalmente rechazo esta última opción, y considero que la hipótesis Leonardo - di Credi no es en absoluto disparatada.

"Virgen que da una granada al niño (Virgen Dreyfuss)"
1472-76
Washington, Nacional Gallery
Atribución dudosa. Cobra fuerza el nombre de Lorenzo di Credi

"Virgen que da una flor al niño (Virgen Benois)"
1475-78
San Petersburgo, Ermitage
Obra de calidad bastante mediocre, discutida desde siempre, y que sorprendentemente es hoy por hoy indiscutible para la mayoría de los críticos (Clark, Berenson, Castelfranco.) Personalmente, no apostaría por su autenticidad.

"La Anunciación"
c.1478
Paris, Louvre
Dudosa, sobre todo cuando se compara con la tabla de los Uffizi, pese a que algunos han querido ver una obra de colaboración.

"Virgen que da un clavel al niño (Virgen del clavel)"
c.1478-80
Munich, Alte Pinakothek
Obra muy debatida, cuya atribución ha fluctuado desde Verrocchio (imposible) hasta la entera mano de Leonardo, cosa que no parece disparatada, dada la alta calidad de la obra y la existencia de numerosas copias de menor calidad

"Virgen amamantando al niño (Madonna Litta)"
c.1490
San Petersburgo, Ermitage
Obra tremendamente repintada, y de estilo ciertamente extraño, sobre todo si se compara con la obra anterior. Muy discutida. Parece más cerca del taller que del maestro

"Retrato de músico (Franchino Gaffurio?)"
c.1490
Milan, Pinacoteca Ambrosiana
Se ha querido ver en este retrato ciertas similitudes con el Ángel de la "Virgen de las Rocas", pero últimamente está siendo cada ve más rechazada como obra del maestro. Personalmente, la rechazo como auténtica

"Retrato de mujer (Beatrice d'Este?)"
c.1490
Milan, Pinacoteca Ambrosiana
Similar en estilo y consideraciones a la obra anterior. Muy dudosa

"La dama del armiño (o la dama del hurón, de la marta)"
1485-90
Cracovia, Czartoryski Museum
Es una obra bellísima, misteriosa y profunda, semejante en estilo a " La Belle Ferronnière ", pero incluso de más calidad. Ha sido profunda y lamentablemente repintada, sobre todo en su flanco izquierdo, lo que ha variado su aspecto original y ha dado lugar a numerosas voces que la consideran de taller destacando la de Rosenberg (1898) que la considera indigna del maestro o de su escuela (?) Las dudas sobre la autoría de " La Belle Ferronnière " han arrastrado con ellas a esta pequeña joya, que sigue, por el momento, en la lista de obras auténticas. Personalmente, no tengo dudas sobre su autenticidad

"Retrato de dama ( La Belle Ferronnière)"
c.1490-95
Paris, Louvre
La atribución de esta tabla ha ido casi siempre unida a la de la obra anterior, reflejando sus similitudes estilísticas. No obstante, las voces discordantes son aquí algo mayores. Aún así, probable obra del maestro

Y eso es todo. En total, apenas 24 pinturas, de las cuales sólo la mitad gozan de atribución indiscutida. Lo cual significa que todavía existe suficiente espacio vacío para nuevas atribuciones. En theArtWolf seguiremos vigilando.

1. Carta fechada el 4 de abril de 1501

2 . Suida, "Studi in onore del Verga" , 1931

Puedes leer más en esta web

4 . A .M. Campoy: "El Museo del Prado" Ediciones Giner, 1970



por G. Fernández - theartwolf.com
No hay artista más legendario que Leonardo da Vinci. En toda la historia del Arte, ningún otro nombre ha generado más debates, más discusiones y más horas de estudio que el genio nacido en Vinci en 1452. Pintor, escultor, arquitecto, científico e investigador, la figura de Leonardo ha generado multitud de leyendas, mitos, rumores sobre su homosexualidad, sobre su pertenencia o no a infinidad de logias o sectas, las extrañas historias sobre su estancia en el estudio de Verrocchio, o su al parecer extraña relación con varias de sus modelos -derivado al parecer de su ya comentada presunta homosexualidad- forman la larga lista de mitología leonardesca de la que el éxito de " El código da Vinci" es sólo su más reciente ejemplo.

Dejando al margen la mitología barata de los best-sellers , el Leonardo pintor ofrece una fuente continua de debate por una razón muy sencilla: se cree que aproximadamente dos tercios de la obra pictórica del maestro se ha perdido. Esto ha generado que, a lo largo de los últimos 150 años infinidad de críticos, divulgadores, o simplemente cantamañanas ávidos de atención hayan sacado a la luz multitud de pinturas publicitadas como un nuevo Leonardo , apoyados por textos y bocetos que testifican la existencia del original. El supuesto hallazgo de un nuevo original de Leonardo es siempre acompañado de un enorme eco en la prensa y círculos artísticos, y pone el nombre del presunto descubridor en el escaparate del no siempre cauto mundo del Arte.

Sobra decirlo: la inmensa mayoría de estos descubrimientos son simplemente basura carente de cualquier rigor histórico o investigación seria. No obstante, existen algunos debates e investigaciones merecedores de ser comentados, e intentaré mencionarlos aquí.

LA MADONNA DEI FUSI - ¿ORIGINAL O COPIA?

Uno de los debates más interesantes, y que se ha abordado con más seriedad, de los últimos años sobre la autenticidad o no de una obra considerada del taller de Leonardo es el que estudia las dos supuestas versiones más fidedignas del original -presuntamente perdido- óleo de Leonardo representando a la Madonna dei fusi , es decir, la Virgen de los husos (o Virgen del Aspa) Uno de ellos en la colección del Drumlanrig Castle (Escocia) famosa por haber sido robada recientemente, y otra, de altísima calidad, de la colección Reford de Montreal, y recientemente adquirida por un coleccionista americano (existen rumores de que el precio superó los 150 millones de dólares, lo cual resulta realmente difícil de creer.) Dejemos al margen la versión Ruprecht de Munich, al tratarse de una tela de muy distinta composición a estas dos.

¿Qué sabemos de este original? Básicamente tenemos el testimonio de una carta enviada a Isabel d'Este por Pietro de Novellara en 1501, en la que habla de ".una Virgen sentada como para aspar husos y el niño, con el pie un el cestillo de los husos, ha cogido el aspa y mira los cuatro radios que forman la cruz, como deseoso de ellos ríe y no parece quere devolvérsela a la madre, que parece querer usarla." ( 1) Este detallado testimonio ha sido utilizado como prueba indiscutible de la no autenticidad de las dos pinturas de las que nos ocupamos, suponiendo que los imitadores abandonaron el simbolismo del aspa y los usos, resaltando la cruz y el sacrificio.

De acuerdo, pero. ¿debemos fiarnos tan ciegamente del testimonio del tal Pietro? ¿Es una fuente ciertamente fidedigna? Sabemos que incluso Vasari, el gran Vasari, comentaba ampliamente obras que no había visto, dando lugar a confusiones históricas que el mundo del Arte ha tardado siglos en resolver. Entonces ¿por qué hemos de suponer a priori la veracidad de ese documento? ¿Por qué el documento escrito ha de prevalecer sobre el documento pictórico? ¿Podríamos invertir este razonamiento y declarar no fiable el testimonio de Novellara a raíz de lo evidenciado en no una, sino hasta tres versiones pictóricas?

No se trata, en principio, de declarar como poco veraz un testimonio, simplemente de ponerlo en duda, lo que nos puede dar pie a un nuevo análisis, más libre, menos condicionado. Además, es incluso posible que este testimonio se refiera a una primera versión de Leonardo sobre este tema, y que el propio maestro pintara, posteriormente (nótese que Suida, ignorando en texto de Novellara, propone 1506 como fecha de ejecución ( 2) ), una nueva versión en la que prescinda de los motivos del aspa y los husos.

Si prescindimos de esta premisa escrita. ¿qué tenemos? Dos versiones, casi idénticas en composición, pero con importantes diferencias en el paisaje de fondo, y con una evidente diferencia de calidad a favor de la tela ahora en Nueva York. Vamos a detenernos, pues, en esta pintura.

No es arriesgado decir que, de todas las supuestas obras de taller de Leonardo, esta es la de más alta calidad. Es una pequeña tela, originalmente una tabla, de pequeñas dimensiones (50.2- 36.4 cm .) El dibujo, especialmente el rostro de la Madonna , es bellísimo, el fondo es rico y equilibrado, y el color armonioso, con un evidente dominio del sfumetto , aunque es posible que haya sido parcialmente repintada en varias ocasiones. El rostro y la mano de la Madonna nos recuerdan inmediatamente a los de la "Santa Ana, la Virgen y el niño" de la Nacional Gallery , e incluso a los de la segunda versión de La virgen de las rocas , en el mismo museo. Pero es el fondo, tan similar al de la Gioconda (obra inmediatamente posterior a esta) lo más llamativo de la pintura. A este efecto, destacamos un muy interesante estudio llevado a cabo por Marco Versiero a raíz de la exposición de " Madonna dei fusi " en Arezzo, de julio a noviembre del año 2000 (3)

¿Podemos demostrar con todo esto la autenticidad sin matices de la versión neoyorkina? En absoluto, pero abre una nueva vía para el debate y la investigación de un periodo en la obra de Leonardo -la primera década del XVI- de la que tan sólo tenemos, como testimonio fiable, la famosísima Gioconda, de la que, por cierto, vamos a comentar algunas curiosidades.

LAS MIL Y UN GIOCONDAS

Si hay algo más impactante que publicar la autentificación de un nuevo Leonardo es publicar la autentificación de una nueva versión de El Leonardo, esto es, la Gioconda o Monna Lisa. A lo largo de las décadas, decenas de visionarios que se hacen llamar críticos han sugerido, en muchos casos con bombo y platillo, la existencia de otra Gioconda, ya sea suponiendo una segunda versión o negando la celebérrima del Louvre. Lo cual no deja de resultar ridículo, porque la dama parisina añade a su incontestable e inconfundible calidad una amplia documentación histórica, desde que fue adquirida por Napoleón I e incluso antes, que no dejan lugar a dudas sobre su autenticidad.

Válganos como ejemplo la llamada Monna Lisa de Isleworth (Inglaterra) que fue publicada como auténtica por H. Pulitzer en 1966 en el estudio Where is the Monna Lisa? notando su alta calidad y la presencia de dos columnas en los extremos del lienzo (apenas perfiladas en la tela del Louvre) que supuestamente la catalogarían como auténtica. La obra, de la que no se tiene certeza de su origen hasta su llegada a la colección privada inglesa, no fue lógicamente aceptada por la crítica. Y es que la Gioconda ha sido copiada infinidad de veces, por lo que la existencia de versiones de calidad ciertamente alta (por ejemplo la de la colección Luchner, o la del Museo de Tours) no debe significar su atribución inmediata a Leonardo.

No es el único caso. Incluso un historiador tan respetado como Antonio Manuel Campoy, en su monográfico sobre el Museo del Prado de 1970, no puede evitar sugerir la autenticidad de la versión (tal vez italiana y de finales del XVI) de la Gioconda con un discurso tan ilusionado como carente de lógica: " Los que hoy mantienen la primacía de la Gioconda del Louvre sobre la del Prado, ¿en qué se basan? Si es en noticias históricas, estas sobran para todos los argumentos que se quieran (??) Si es en la técnica, la verdad es que la Gioconda del Louvre permite en muy limitadísima medida rastrear la mano de Leonardo (????) ." ( 4) El argumento, constituído por dos flagrantes mentiras, sólo puede diculparse si entendemos el amor que Campoy sentía por el Prado, y su evidente deseo de "enriquecer" sus colecciones con una obra del maestro italiano

Y así podríamos seguir hasta el infinito, mencionando mil y un giocondas que mil y un visionarios han intentado colarnos, y llegaríamos a sugerir a modo de broma -o quizás no- que llegará el día que alguien evidencie la mano leonardesca en las Giocondas bigotudas de Dalí y Duchamp. Pero éste, al menos, es un caso cerrado. Sólo hay una Gioconda, y está en Paris, protegida por un grueso vidrio que, por cierto, casi impide su contemplación.

EL CATÁLOGO DISCUTIDO

Debido a los constantes debates sobre la autenticidad o no de las obras de Leonardo da Vinci, el catálogo de obras del maestro permanece en constante fluctuación, añadiéndose nuevas obras que son rechazadas al cabo de unos años, y eliminándose otras que son después readmitidas por ciertos sectores de la crítica. Vamos a comentar aquí las obras universalmente admitidas como auténticas.

OBRAS INDISCUTIBLES DEL MAESTRO

"Retrato de dama (Ginevra Benci)"
1474-76
Washington, Nacional Gallery
Pese a que a finales del XIX y principios del pasado siglo se escucharon algunas voces discordantes ( 5 ), en la actualidad nadie duda la paternidad leonardesca de esta pequeña joya, a la que Vasari llama acertadamente "cosa bellísima". Primera obra maestra de Leonardo

"San Jerónimo"
c.1480
Roma, Pinacoteca Vaticana
Nunca se ha dudado de esta obra inacabada

"La adoración de los magos"
1481-82
Florencia, Uffizi
Igual que en la anterior, nunca se ha puesto en duda.

"La Virgen de las rocas"
1483-86
Paris, Louvre
Indiscutible obra de Leonardo, con abundante documentación.

"La Virgen de las rocas"
1503-1506
Londres, National Gallery
La atribución a Leonardo, indiscutida en un principio, fue perdiendo fuerza a finales del siglo pasado, dadas las diferencias estilísticas con la versión del Louvre. No obstante, recientes estudios en profundidad del cuadro han demostrado la paternidad de Leonardo (6). La obra ha sido, probablemente, repintada con poca fortuna, y es incluso posible que las alas del tríptico no sean del maestro, pero la tabla central está fuera de toda duda

"Cabeza de muchacha (mujer despeinada)"
c.1490
Parma, Galería Nacional
Pocas voces discordantes, entre ellas las de Ricci y Suida (1929) No obstante, la belleza del dibujo y los numerosos documentos históricos la dejan fuera de toda duda.

"La última cena"
1495-97
Milán, Convento de Santa María de las Gracias
Indiscutible, y nunca puesta en duda.

"Santa Ana, la Virgen , el niño y San Juan"
c.1498
Londres, National Gallery
De nuevo una obra nunca discutida.

"Retrato de Isabel d'Este"
c.1500
Paris, Louvre
Obra inacabada y en deficiente estado de conservación, libre, no obstante de toda duda, a excepción de las de Goldscheider (1952), para quien sólo la cabeza es obra del maestro

"Retrato de dama (la Gioconda , la Monna Lisa)"
1503-05
Paris, Louvre
Obviamente, nunca discutida por ninguna voz autorizada

"Santa Ana, la Virgen y el niño con el cordero"
c.1510
Paris, Louvre
Obra magistral jamás discutida, pese a las numerosas copias conocidas

"San Juan Bautista"
1513-16
Paris, Louvre
Obra excepcional, de una perfección técnica increíble, que nunca ha sido discutida de manera seria, a pesar de que Müller-Walde y Berenson (quien posteriormente cambiaría de opinión) la consideran, increíblemente, obra de taller.

En total, apenas una docena de obras, a las que podemos añadir, como dos casos especiales:

"El bautismo de Cristo"
c.1472-75
Florencia, Uffizi
Obra de Verrocchio, maestro de Leonardo, parece no existir ninguna duda entre los críticos acerca de la autoría de este último sobre uno de los ángeles y una pequeña porción del paisaje tras el mismo

"Baco"
c.1511-15
Paris, Louvre
Obra de gran calidad pero que presenta incompresibles diferencias de estilo entre la figura principal (que ha sido además muy retocada) y el fondo de la pintura. La hipótesis más creíble, y aceptada mayoritariamente por los críticos actuales, es que se trata de una obra de colaboración entre Leonardo y su taller. No faltan, sin embargo, voces disidentes que excluyen al maestro de cualquier intervención (Frizzoni, Suida)

OBRAS ACEPTADAS PERO DISCUTIDAS

"La Anunciación"
c.1472-75
Florencia, Uffizi
Durante mucho tiempo fue considerada la primera obra pictórica de Leonardo. No obstante, en el transcurso del pasado siglo los críticos se dividieron entre aquellos que mantenían la autoría de Leonardo, los que hablaban de una obra en colaboración, tal vez con Lorenzo di Credi, y los que rechazaban cualquier intervención del maestro, optando por Ridolfo Ghirlandaio o incluso Verrocchio. Personalmente rechazo esta última opción, y considero que la hipótesis Leonardo - di Credi no es en absoluto disparatada.

"Virgen que da una granada al niño (Virgen Dreyfuss)"
1472-76
Washington, Nacional Gallery
Atribución dudosa. Cobra fuerza el nombre de Lorenzo di Credi

"Virgen que da una flor al niño (Virgen Benois)"
1475-78
San Petersburgo, Ermitage
Obra de calidad bastante mediocre, discutida desde siempre, y que sorprendentemente es hoy por hoy indiscutible para la mayoría de los críticos (Clark, Berenson, Castelfranco.) Personalmente, no apostaría por su autenticidad.

"La Anunciación"
c.1478
Paris, Louvre
Dudosa, sobre todo cuando se compara con la tabla de los Uffizi, pese a que algunos han querido ver una obra de colaboración.

"Virgen que da un clavel al niño (Virgen del clavel)"
c.1478-80
Munich, Alte Pinakothek
Obra muy debatida, cuya atribución ha fluctuado desde Verrocchio (imposible) hasta la entera mano de Leonardo, cosa que no parece disparatada, dada la alta calidad de la obra y la existencia de numerosas copias de menor calidad

"Virgen amamantando al niño (Madonna Litta)"
c.1490
San Petersburgo, Ermitage
Obra tremendamente repintada, y de estilo ciertamente extraño, sobre todo si se compara con la obra anterior. Muy discutida. Parece más cerca del taller que del maestro

"Retrato de músico (Franchino Gaffurio?)"
c.1490
Milan, Pinacoteca Ambrosiana
Se ha querido ver en este retrato ciertas similitudes con el Ángel de la "Virgen de las Rocas", pero últimamente está siendo cada ve más rechazada como obra del maestro. Personalmente, la rechazo como auténtica

"Retrato de mujer (Beatrice d'Este?)"
c.1490
Milan, Pinacoteca Ambrosiana
Similar en estilo y consideraciones a la obra anterior. Muy dudosa

"La dama del armiño (o la dama del hurón, de la marta)"
1485-90
Cracovia, Czartoryski Museum
Es una obra bellísima, misteriosa y profunda, semejante en estilo a " La Belle Ferronnière ", pero incluso de más calidad. Ha sido profunda y lamentablemente repintada, sobre todo en su flanco izquierdo, lo que ha variado su aspecto original y ha dado lugar a numerosas voces que la consideran de taller destacando la de Rosenberg (1898) que la considera indigna del maestro o de su escuela (?) Las dudas sobre la autoría de " La Belle Ferronnière " han arrastrado con ellas a esta pequeña joya, que sigue, por el momento, en la lista de obras auténticas. Personalmente, no tengo dudas sobre su autenticidad

"Retrato de dama ( La Belle Ferronnière)"
c.1490-95
Paris, Louvre
La atribución de esta tabla ha ido casi siempre unida a la de la obra anterior, reflejando sus similitudes estilísticas. No obstante, las voces discordantes son aquí algo mayores. Aún así, probable obra del maestro

Y eso es todo. En total, apenas 24 pinturas, de las cuales sólo la mitad gozan de atribución indiscutida. Lo cual significa que todavía existe suficiente espacio vacío para nuevas atribuciones. En theArtWolf seguiremos vigilando.

1. Carta fechada el 4 de abril de 1501

2 . Suida, "Studi in onore del Verga" , 1931

Puedes leer más en esta web

4 . A .M. Campoy: "El Museo del Prado" Ediciones Giner, 1970



Mona Lisa -- Da Vinci's Use of Sacred Geometry

Mona Lisa -- Da Vinci's Use of Sacred Geometry

La explicación

LA ULTIMA CENA: Para muchos estudiosos e historiadores de arte, La última cena de Leonardo está considerada la mejor obra pictórica del mundo. En El Código Da Vinci, Brown destaca algunas posibles características simbólicas del cuadro cuando, en la casa de Leigh Teabing, le dan a conocer a Sophie la idea de que Leonardo cifró un gran secreto en su obra maestra. La última cena es un fresco pintado en una pared del refectorio de Santa Maria delle Grazie, en Milán, Italia.

Incluso en la época de Leonardo, esta fue considerada su obra mejor y más famosa. El mural fue realizado entre 1495 y 1497, pero en tan solo veinte años comenzó a deteriorarse, según cuentan documentos de entonces. Mide unos cuatro por ocho metros y

está pintado sobre una gruesa capa de temple al huevo sobre yeso seco. Debajo de la capa principal de pintura subyace un esquemático bosquejo compositivo, esbozado en un color rojizo, de una manera que anticipa su habitual uso de cartones como herramienta preparatoria.

Se cree que la obra fue probablemente un encargo de Ludovico Sforza, duque de Milán —en cuya corte encontraría la fama Leonardo—, y no de los monjes de Santa Maria delle Grazie. El motivo del cuadro es el momento en el que Jesús acaba de anunciar que uno de sus discípulos lo traicionará. Sabemos esto por el trabajo de Pacioli, que afirma tal cosa en el tercer capítulo de su libro De divina proportione.

Este mismo anuncio y las diferentes reacciones de los apóstoles en tomo a la mesa es el instante que Leonardo elige congelar en el tiempo. Para captar las expresiones más verosímiles, Leonardo estudió las poses, las expresiones faciales y las fisionomías de muchos de sus contemporáneos, que después incorporó al cuadro.

Las identidades de cada uno de los apóstoles es un tema muy discutido, pero, según las inscripciones que hay en una reproducción de la obra que se guarda en Lugano, son, de izquierda a derecha: Bartolomé, Santiago el Menor, Andrés, Judas, Pedro, Juan, Tomás, Santiago el Mayor, Felipe, Mateo, Judas Tadeo y Simón el Cananeo. Muchos historiadores del arte creen que la composición puede considerarse una interpretación iconográfica de la Eucaristía, dado que Jesús está señalando con las dos manos al pan y al vino que hay sobre la mesa.

Otros dicen que solo está reflejado el anuncio de la traición. Sin embargo, en lo que sí coinciden la mayoría de los historiadores del arte es en que la mejor posición para ver la obra es a unos cuatro metros sobre el nivel del suelo y entre unos siete y nueve metros de distancia. Algunos afirman que la composición y su sistema de perspectiva están basados en un canon musical de la proporción, aunque es algo que se ha rebatido recientemente.

La última cena es única entre todas las obras que reflejan esta escena: en ella los apóstoles muestran un sorprendente despliegue de emociones y reacciones ante la noticia de que uno de ellos traicionará a Jesús. Ninguna otra representación pictórica de La última cena se acerca ni de lejos a este tipo de detalle y composición. ¿Y qué hay de los misterios supuestamente cifrados en esta obra maestra?

En su libro La revelación templaria, Clive Prince y Lynn Picknett afirman que hay varios elementos en la estructura de la obra que requieren más estudio y que revelan un simbolismo codificado.

 

Por ejemplo, creen que la figura a la derecha de Jesús (izquierda según se mira), no es en realidad Juan, sino una figura femenina. En contraste con Jesús, viste un ropaje colorido y se inclina en la dirección opuesta a la figura central de aquel, con lo que el espacio entre ellos forma una «V» y sus cuerpos, una «M». En segundo lugar, cercana a la figura de Pedro, parece haber una mano que sujeta un cuchillo y que no pertenece a cuerpo alguno. Prince y Picknett afirman que esta mano no puede corresponderle a ninguna otra figura del cuadro.

En tercer lugar, justo a la izquierda de Jesús (a la derecha según miramos nosotros), Tomás se enfrenta a él con el gesto de un dedo alzado o, como lo llaman los autores, con el «gesto de Juan». Y, finalmente, se dice que Judas Tadeo que da la espalda a Jesús es, en realidad, un autorretrato de Leonardo. Veamos punto por punto. Si nos fijamos detenidamente en la obra, podemos ver que el personaje a la derecha de Jesús (izquierda según se mira) tiene efectivamente rasgos femeninos o afeminados. Prince y Picknett incluso dicen que los pliegues de la túnica de la figura revelan el contorno de pechos femeninos.

Sin duda, Leonardo no era reacio a otorgarle atributos y rasgos femeninos a varias de las figuras masculinas que pintó. Por ejemplo, al estudiar de cerca su famoso cuadro de Juan el Bautista vemos que el personaje tiene un conjunto de rasgos casi hermafroditas y una piel pálida sin vello. ¿Y qué hay del hecho de que en La última cena Jesús y la figura de Juan o la figura femenina parezcan reclinarse en direcciones opuestas y, por tanto, formar una «V» en el espacio entre ellos y una «M» con la línea de sus cuerpos? Prince y Picknett alegan que esta inusual alineación de las figuras, unida a los rasgos femeninos de «Juan», muestra que esta figura representa, en realidad, a la misma María Magdalena, dado que la «V» es el símbolo de la Divinidad Femenina y la «M» corresponde a Marta y a Magdalena.

Lo que está claro es que, esté uno de acuerdo o no con esta hipótesis, se trata de una interpretación original y apasionante, y que hace falta trabajar más en esta parcela. Y ahora llegamos a la famosa mano sin cuerpo. ¿De quién es la mano que puede verse en el lado izquierdo de la mesa, cerca de la figura de Pedro? ¿Por qué está sujetando un puñal o un cuchillo de una forma tan amenazadora? Otra característica extraña es que la mano izquierda de Pedro parece estar cortando el cuello de la figura femenina con gesto conminatorio.  ¿Qué estaba intentando decirnos aquí Leonardo sobre Pedro? Si miramos más de cerca, y vemos el cuadro parcelado en detalles, parece obvio que la mano y el cuchillo en cuestión pertenecen a Pedro, que tiene la mano derecha girada y apoyada sobre el costado, si bien de una forma un tanto extraña y antinatural. En cuanto a su mano izquierda, que parece estar cortando el cuello de la figura de Juan (o de María Magdalena), otra interpretación posible es que Pedro sencillamente apoya la mano sobre su hombro. Parece que el debate continuará todavía algún tiempo.

Respecto a Tomás, situado justo a la izquierda de Jesús (a la derecha, según se mira), es cierto que tiene alzado el dedo índice de su mano izquierda de una forma aparentemente amenazadora. Este «gesto de Juan», tal como lo llaman Prince y Picknett, puede apreciarse en gran cantidad de obras de Leonardo y también de otros pintores de la época. Está más allá del cometido de este libro entrar en la polémica de qué significa este gesto, pero, en resumen, se dice que representa una corriente subterránea de conocimiento y sabiduría, que tiene su sistema de creencia basado en la idea de que Juan el Bautista jugó un papel mucho más importante de lo que, por regla general, establecen las Escrituras. Para aquellos que estén interesados en una explicación completa recomiendo la lectura de La revelación templaria.

La figura de Judas Tadeo sí que parece guardar cierto parecido con Leonardo, como puede verse por el famoso autorretrato de este. En muchas de las obras de Da Vinci que implican a Jesús o a la Sagrada Familia, se da el tema recurrente de que al menos una figura da la espalda al motivo central, véase, por ejemplo, La adoración de los Magos. La recientemente terminada y muy controvertida restauración de La última cena ha revelado muchos rasgos nuevos y emocionantes de este increíble cuadro.

Realmente sí que parece haber mensajes escondidos y un olvidado simbolismo en esta y en muchas otras de las composiciones de Leonardo, aunque a qué se refieren es algo que no está claro y que ha dado lugar a mucha especulación y a muchas teorías. Sin embargo, hay que hacer mucho más en este campo en el futuro si queremos desentrañar siquiera remotamente la mente del maestro.

 

LA ULTIMA CENA: Para muchos estudiosos e historiadores de arte, La última cena de Leonardo está considerada la mejor obra pictórica del mundo. En El Código Da Vinci, Brown destaca algunas posibles características simbólicas del cuadro cuando, en la casa de Leigh Teabing, le dan a conocer a Sophie la idea de que Leonardo cifró un gran secreto en su obra maestra. La última cena es un fresco pintado en una pared del refectorio de Santa Maria delle Grazie, en Milán, Italia.

Incluso en la época de Leonardo, esta fue considerada su obra mejor y más famosa. El mural fue realizado entre 1495 y 1497, pero en tan solo veinte años comenzó a deteriorarse, según cuentan documentos de entonces. Mide unos cuatro por ocho metros y

está pintado sobre una gruesa capa de temple al huevo sobre yeso seco. Debajo de la capa principal de pintura subyace un esquemático bosquejo compositivo, esbozado en un color rojizo, de una manera que anticipa su habitual uso de cartones como herramienta preparatoria.

Se cree que la obra fue probablemente un encargo de Ludovico Sforza, duque de Milán —en cuya corte encontraría la fama Leonardo—, y no de los monjes de Santa Maria delle Grazie. El motivo del cuadro es el momento en el que Jesús acaba de anunciar que uno de sus discípulos lo traicionará. Sabemos esto por el trabajo de Pacioli, que afirma tal cosa en el tercer capítulo de su libro De divina proportione.

Este mismo anuncio y las diferentes reacciones de los apóstoles en tomo a la mesa es el instante que Leonardo elige congelar en el tiempo. Para captar las expresiones más verosímiles, Leonardo estudió las poses, las expresiones faciales y las fisionomías de muchos de sus contemporáneos, que después incorporó al cuadro.

Las identidades de cada uno de los apóstoles es un tema muy discutido, pero, según las inscripciones que hay en una reproducción de la obra que se guarda en Lugano, son, de izquierda a derecha: Bartolomé, Santiago el Menor, Andrés, Judas, Pedro, Juan, Tomás, Santiago el Mayor, Felipe, Mateo, Judas Tadeo y Simón el Cananeo. Muchos historiadores del arte creen que la composición puede considerarse una interpretación iconográfica de la Eucaristía, dado que Jesús está señalando con las dos manos al pan y al vino que hay sobre la mesa.

Otros dicen que solo está reflejado el anuncio de la traición. Sin embargo, en lo que sí coinciden la mayoría de los historiadores del arte es en que la mejor posición para ver la obra es a unos cuatro metros sobre el nivel del suelo y entre unos siete y nueve metros de distancia. Algunos afirman que la composición y su sistema de perspectiva están basados en un canon musical de la proporción, aunque es algo que se ha rebatido recientemente.

La última cena es única entre todas las obras que reflejan esta escena: en ella los apóstoles muestran un sorprendente despliegue de emociones y reacciones ante la noticia de que uno de ellos traicionará a Jesús. Ninguna otra representación pictórica de La última cena se acerca ni de lejos a este tipo de detalle y composición. ¿Y qué hay de los misterios supuestamente cifrados en esta obra maestra?

En su libro La revelación templaria, Clive Prince y Lynn Picknett afirman que hay varios elementos en la estructura de la obra que requieren más estudio y que revelan un simbolismo codificado.

 

Por ejemplo, creen que la figura a la derecha de Jesús (izquierda según se mira), no es en realidad Juan, sino una figura femenina. En contraste con Jesús, viste un ropaje colorido y se inclina en la dirección opuesta a la figura central de aquel, con lo que el espacio entre ellos forma una «V» y sus cuerpos, una «M». En segundo lugar, cercana a la figura de Pedro, parece haber una mano que sujeta un cuchillo y que no pertenece a cuerpo alguno. Prince y Picknett afirman que esta mano no puede corresponderle a ninguna otra figura del cuadro.

En tercer lugar, justo a la izquierda de Jesús (a la derecha según miramos nosotros), Tomás se enfrenta a él con el gesto de un dedo alzado o, como lo llaman los autores, con el «gesto de Juan». Y, finalmente, se dice que Judas Tadeo que da la espalda a Jesús es, en realidad, un autorretrato de Leonardo. Veamos punto por punto. Si nos fijamos detenidamente en la obra, podemos ver que el personaje a la derecha de Jesús (izquierda según se mira) tiene efectivamente rasgos femeninos o afeminados. Prince y Picknett incluso dicen que los pliegues de la túnica de la figura revelan el contorno de pechos femeninos.

Sin duda, Leonardo no era reacio a otorgarle atributos y rasgos femeninos a varias de las figuras masculinas que pintó. Por ejemplo, al estudiar de cerca su famoso cuadro de Juan el Bautista vemos que el personaje tiene un conjunto de rasgos casi hermafroditas y una piel pálida sin vello. ¿Y qué hay del hecho de que en La última cena Jesús y la figura de Juan o la figura femenina parezcan reclinarse en direcciones opuestas y, por tanto, formar una «V» en el espacio entre ellos y una «M» con la línea de sus cuerpos? Prince y Picknett alegan que esta inusual alineación de las figuras, unida a los rasgos femeninos de «Juan», muestra que esta figura representa, en realidad, a la misma María Magdalena, dado que la «V» es el símbolo de la Divinidad Femenina y la «M» corresponde a Marta y a Magdalena.

Lo que está claro es que, esté uno de acuerdo o no con esta hipótesis, se trata de una interpretación original y apasionante, y que hace falta trabajar más en esta parcela. Y ahora llegamos a la famosa mano sin cuerpo. ¿De quién es la mano que puede verse en el lado izquierdo de la mesa, cerca de la figura de Pedro? ¿Por qué está sujetando un puñal o un cuchillo de una forma tan amenazadora? Otra característica extraña es que la mano izquierda de Pedro parece estar cortando el cuello de la figura femenina con gesto conminatorio.  ¿Qué estaba intentando decirnos aquí Leonardo sobre Pedro? Si miramos más de cerca, y vemos el cuadro parcelado en detalles, parece obvio que la mano y el cuchillo en cuestión pertenecen a Pedro, que tiene la mano derecha girada y apoyada sobre el costado, si bien de una forma un tanto extraña y antinatural. En cuanto a su mano izquierda, que parece estar cortando el cuello de la figura de Juan (o de María Magdalena), otra interpretación posible es que Pedro sencillamente apoya la mano sobre su hombro. Parece que el debate continuará todavía algún tiempo.

Respecto a Tomás, situado justo a la izquierda de Jesús (a la derecha, según se mira), es cierto que tiene alzado el dedo índice de su mano izquierda de una forma aparentemente amenazadora. Este «gesto de Juan», tal como lo llaman Prince y Picknett, puede apreciarse en gran cantidad de obras de Leonardo y también de otros pintores de la época. Está más allá del cometido de este libro entrar en la polémica de qué significa este gesto, pero, en resumen, se dice que representa una corriente subterránea de conocimiento y sabiduría, que tiene su sistema de creencia basado en la idea de que Juan el Bautista jugó un papel mucho más importante de lo que, por regla general, establecen las Escrituras. Para aquellos que estén interesados en una explicación completa recomiendo la lectura de La revelación templaria.

La figura de Judas Tadeo sí que parece guardar cierto parecido con Leonardo, como puede verse por el famoso autorretrato de este. En muchas de las obras de Da Vinci que implican a Jesús o a la Sagrada Familia, se da el tema recurrente de que al menos una figura da la espalda al motivo central, véase, por ejemplo, La adoración de los Magos. La recientemente terminada y muy controvertida restauración de La última cena ha revelado muchos rasgos nuevos y emocionantes de este increíble cuadro.

Realmente sí que parece haber mensajes escondidos y un olvidado simbolismo en esta y en muchas otras de las composiciones de Leonardo, aunque a qué se refieren es algo que no está claro y que ha dado lugar a mucha especulación y a muchas teorías. Sin embargo, hay que hacer mucho más en este campo en el futuro si queremos desentrañar siquiera remotamente la mente del maestro.

 

Secretos de da Vinci: La ultima Cena

Secretos de da Vinci: La ultima Cena

La explicación

La última cena.

Leonardo da Vinci.
Refectorio. Santa Maria della Grazie. Milán
1495-1497.

 

 

La etapa artística de Leonardo da Vinci que coincide con su estancia en Milán al servicio del duque Ludovico Sforza (Ludovico "el Moro"), constituye su etapa de madurez, y el momento en el que realiza buena parte de sus obras más conocidas y emblemáticas. Ya su primera versión de la Virgen de las rocas se pinta para la Capilla de San Francisco el Grande de Milán, y aparte de numerosos artefactos y obras de ingeniería para el duque, Leonardo trabajará también en la monumental escultura ecuestre en honor del Francisco I el Grande, padre de Ludovico, el famoso “Il Cavallo”, que nunca llegará a fundir en bronce porque el material terminaría empleándose para fabricar cañones. También sería Ludovico Sforza quien encarga la realización de La última cena para el refectorio de la iglesia dominica de Santa Maria della Grazie en Milán, muy cercana a su palacio, lo que explica entre otras cosas las insignias ducales que aparecen en los medallones que rematan la pintura.

No era un encargo cualquiera, tanto las dimensiones de la obra como el proyecto en su conjunto constituía uno de los grandes retos a los que se había enfrentado Leonardo como pintor. Y lo lógico tratándose de una pintura sobre pared es que se hubiera elegido el fresco como técnica idónea para su realización, pero no fue así. Leonardo no era un pintor como los demás, le definán dos aspectos muy singulares a la hora de trabajar, en primer lugar su incostancia en la realización de las pinturas, que siempre tocaba y retocaba, porque como eterno insatisfecho que era, nunca las veía terminadas, demorándolas en el tiempo idefinidamente y abandonando la obra durante largos periodos. Por otra parte su afán experimental le llevaba en ocasiones a convertir sus pinturas en meros ensayos de laboratorio, lo que también explica que se conformara con el experimento en sí, sin preocuparse por la obra terminada. Esta forma tan peculiar de trabajar es la que aclara su aplicación técnica en La última cena, que lejos de resolverse por medio de un buen fresco se convierte en uno de sus inventos más sonados y en uno de sus fracasos más conocidos. Emplea Leonardo un enlucido sobre el que extiende dos capas de yeso y sobre éstas, una mezcla de temple y óleo seco. De esta forma evitaba la urgencia a la que obligaba la técnica al fresco, así como su dependencia a un trabajo continuado, pero supondría también, ya en vida del pintor, un deterioro continuado de la pintura, que se desprendía con facilidad del muro.

Aún así, se trata de uno de los trabajos que más dedicación le prestó Leonardo, y que le tuvo absorbido como pocos a lo largo de los tres años que duró la empresa. Eso sí, lo mismo podía estar pintando una jornada completa de horas sobre el andamio, que otros días conformarse con pintar un par de detalles, o retocar una cara que no le gustaba. Decía él que necesitaba tiempo tanbién para pensar en la obra y sobre todo para encontrar modelos en las personas de la calle que le sirvieran para sus personajes. Otra faceta innovadora de Leonardo, que buscaba modelos del natural que se ajustaran al temperamento que quería otorgarle a cada personaje, al contrario de los pintores de su época que se conformaban con repetir con pocos cambios unos mismos modelos fijos. En este sentido cuenta Vasari, que lo que más le costó y más demoraba el final de la pintura era encontrar un rostro adecuado para representar la imagen del traidor: Judas.

Iconográfcamente, la pintura ya aporta un elemento de novedad, típicamente renacentista, la de destacar no el hecho religioso en sí, tan reiterativo en el tema de la última cena del origen de la Eucaristía, sino el episodio mucho más humano de la traición de Judas, que según el evangelio de San Juan, Cristo comunica a sus discípulos precisamente en esa cena. Además a Leonardo le interesa especialmente la respuesta emocional de los discípulos ante esa confidencia, que él soluciona con un repertiro expresivo de extraordinaria riqueza, multiplicando gestos y actitudes de los presentes, desde los que se asombran, a los que se espantan, a los que no dan crédito. Su distribución se adapta a una composición pictórica que sigue un patrón simétrico y de ordenación  clásica,  al  distribuirse  los  apóstoles  en grupos ordenados de tres, sobre los cuales destaca la situación de Cristo, en medio de todos ellos y sobresaliendo en altura desde su posición en vértice de un imaginario triángulo compositivo. Dicha distribución permite la identificación de cada uno de ellos: a la izquierda se representan Bartolomé, Santiago el Menor y San Andrés; a continuación, junto a Cristo, Judas Iscariote (quien le traicionará), San Pedro y San Juan, imberbe y de cara aniñada en la que algunos han querido identificar un rostro de mujer, totalmente impensable ya no sólo en la lectura evangélica, sino en el propio contexto de la ejecución de la obra, en la que no se hubiera admitido semejante licencia. A continuación, y ya a la izquierda de Cristo, Tomás, Santiago el Mayor y Felipe, y en el extremo derecho de la pintura: Mateo, Judas Tadeo y Simón el Celote.

Una composición simétrica y perfectamente estructurada en una ordenación plenamente clásica, pero cuya disposición, en  apariencia  demasiado geométrica, gana vida en la mano de Leonardo gracias al perfecto juego de interrelación de gestos, posturas y miradas que hilvanan toda la escena en una grácil apariencia natural, y que otorgan a la obra una de sus mayores virtudes, la de una magnífica riqueza expresiva.

Técnicamente, la pintura destaca también por su peculiar trabajo de perspectiva, pues se observa cómo se aúnan la novedad de la perspectiva aérea, que él mismo introduce, y la tradición quattrocentista de la perspectiva lineal. Y así, por una parte la luz envuelve los rostros difuminando sus contornos, y se abre además al fondo en un vano arquitectónico cargado de azules, que además actúa como aureola figurada del propio Cristo. Pero por otra,  toda  la  escena se encuadra  en un cajón de perspectiva lineal, configurado por una arquitectura imaginada, que al mismo tiempo y  dada su ordenación, contribuye a agrandar el espacio real del refectorio.

Complemento de esta estructura composita es la luz, que hábimente Leonardo asocia a la propia luz natural del refectorio, de tal forma que la iluminación sobre la habitación imaginada coincide con la del refectrorio real, sin que por otra parte se adviertan excesivos contrastes, otorgándole a la luminosidad de la obra el carácter diáfano y homogéneo que tiene la luz renacentista. Del color puede hablarse también en términos clásicos, con una combinación perfectamente equilibrada de azules y rojos principalmente, que se reparten equitativamente entre todos los personajes.

Sin duda se trata de la obra más monumental de Leonardo y para muchos la que alcanza un mayor nivel de perfección técnica, de variedad y riqueza expresiva, y por ello de mayor altura humanista e intelectual. Lástima que por su afán experimental, la pintura se haya deteriorado tanto. Y lástima también que como ocurre con tantas otras grandes obras de Leonardo el afán de protagonismo de algunos se apoye en la propia celebridad del autor y su pintura para hacer todo tipo de elucubraciones y especulaciones gratuitas sobre sus aspectosa iconográficos, que a la larga sólo sirven para llenar inocuos titulares sensacionalistas.

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La última cena.

Leonardo da Vinci.
Refectorio. Santa Maria della Grazie. Milán
1495-1497.

 

 

La etapa artística de Leonardo da Vinci que coincide con su estancia en Milán al servicio del duque Ludovico Sforza (Ludovico "el Moro"), constituye su etapa de madurez, y el momento en el que realiza buena parte de sus obras más conocidas y emblemáticas. Ya su primera versión de la Virgen de las rocas se pinta para la Capilla de San Francisco el Grande de Milán, y aparte de numerosos artefactos y obras de ingeniería para el duque, Leonardo trabajará también en la monumental escultura ecuestre en honor del Francisco I el Grande, padre de Ludovico, el famoso “Il Cavallo”, que nunca llegará a fundir en bronce porque el material terminaría empleándose para fabricar cañones. También sería Ludovico Sforza quien encarga la realización de La última cena para el refectorio de la iglesia dominica de Santa Maria della Grazie en Milán, muy cercana a su palacio, lo que explica entre otras cosas las insignias ducales que aparecen en los medallones que rematan la pintura.

No era un encargo cualquiera, tanto las dimensiones de la obra como el proyecto en su conjunto constituía uno de los grandes retos a los que se había enfrentado Leonardo como pintor. Y lo lógico tratándose de una pintura sobre pared es que se hubiera elegido el fresco como técnica idónea para su realización, pero no fue así. Leonardo no era un pintor como los demás, le definán dos aspectos muy singulares a la hora de trabajar, en primer lugar su incostancia en la realización de las pinturas, que siempre tocaba y retocaba, porque como eterno insatisfecho que era, nunca las veía terminadas, demorándolas en el tiempo idefinidamente y abandonando la obra durante largos periodos. Por otra parte su afán experimental le llevaba en ocasiones a convertir sus pinturas en meros ensayos de laboratorio, lo que también explica que se conformara con el experimento en sí, sin preocuparse por la obra terminada. Esta forma tan peculiar de trabajar es la que aclara su aplicación técnica en La última cena, que lejos de resolverse por medio de un buen fresco se convierte en uno de sus inventos más sonados y en uno de sus fracasos más conocidos. Emplea Leonardo un enlucido sobre el que extiende dos capas de yeso y sobre éstas, una mezcla de temple y óleo seco. De esta forma evitaba la urgencia a la que obligaba la técnica al fresco, así como su dependencia a un trabajo continuado, pero supondría también, ya en vida del pintor, un deterioro continuado de la pintura, que se desprendía con facilidad del muro.

Aún así, se trata de uno de los trabajos que más dedicación le prestó Leonardo, y que le tuvo absorbido como pocos a lo largo de los tres años que duró la empresa. Eso sí, lo mismo podía estar pintando una jornada completa de horas sobre el andamio, que otros días conformarse con pintar un par de detalles, o retocar una cara que no le gustaba. Decía él que necesitaba tiempo tanbién para pensar en la obra y sobre todo para encontrar modelos en las personas de la calle que le sirvieran para sus personajes. Otra faceta innovadora de Leonardo, que buscaba modelos del natural que se ajustaran al temperamento que quería otorgarle a cada personaje, al contrario de los pintores de su época que se conformaban con repetir con pocos cambios unos mismos modelos fijos. En este sentido cuenta Vasari, que lo que más le costó y más demoraba el final de la pintura era encontrar un rostro adecuado para representar la imagen del traidor: Judas.

Iconográfcamente, la pintura ya aporta un elemento de novedad, típicamente renacentista, la de destacar no el hecho religioso en sí, tan reiterativo en el tema de la última cena del origen de la Eucaristía, sino el episodio mucho más humano de la traición de Judas, que según el evangelio de San Juan, Cristo comunica a sus discípulos precisamente en esa cena. Además a Leonardo le interesa especialmente la respuesta emocional de los discípulos ante esa confidencia, que él soluciona con un repertiro expresivo de extraordinaria riqueza, multiplicando gestos y actitudes de los presentes, desde los que se asombran, a los que se espantan, a los que no dan crédito. Su distribución se adapta a una composición pictórica que sigue un patrón simétrico y de ordenación  clásica,  al  distribuirse  los  apóstoles  en grupos ordenados de tres, sobre los cuales destaca la situación de Cristo, en medio de todos ellos y sobresaliendo en altura desde su posición en vértice de un imaginario triángulo compositivo. Dicha distribución permite la identificación de cada uno de ellos: a la izquierda se representan Bartolomé, Santiago el Menor y San Andrés; a continuación, junto a Cristo, Judas Iscariote (quien le traicionará), San Pedro y San Juan, imberbe y de cara aniñada en la que algunos han querido identificar un rostro de mujer, totalmente impensable ya no sólo en la lectura evangélica, sino en el propio contexto de la ejecución de la obra, en la que no se hubiera admitido semejante licencia. A continuación, y ya a la izquierda de Cristo, Tomás, Santiago el Mayor y Felipe, y en el extremo derecho de la pintura: Mateo, Judas Tadeo y Simón el Celote.

Una composición simétrica y perfectamente estructurada en una ordenación plenamente clásica, pero cuya disposición, en  apariencia  demasiado geométrica, gana vida en la mano de Leonardo gracias al perfecto juego de interrelación de gestos, posturas y miradas que hilvanan toda la escena en una grácil apariencia natural, y que otorgan a la obra una de sus mayores virtudes, la de una magnífica riqueza expresiva.

Técnicamente, la pintura destaca también por su peculiar trabajo de perspectiva, pues se observa cómo se aúnan la novedad de la perspectiva aérea, que él mismo introduce, y la tradición quattrocentista de la perspectiva lineal. Y así, por una parte la luz envuelve los rostros difuminando sus contornos, y se abre además al fondo en un vano arquitectónico cargado de azules, que además actúa como aureola figurada del propio Cristo. Pero por otra,  toda  la  escena se encuadra  en un cajón de perspectiva lineal, configurado por una arquitectura imaginada, que al mismo tiempo y  dada su ordenación, contribuye a agrandar el espacio real del refectorio.

Complemento de esta estructura composita es la luz, que hábimente Leonardo asocia a la propia luz natural del refectorio, de tal forma que la iluminación sobre la habitación imaginada coincide con la del refectrorio real, sin que por otra parte se adviertan excesivos contrastes, otorgándole a la luminosidad de la obra el carácter diáfano y homogéneo que tiene la luz renacentista. Del color puede hablarse también en términos clásicos, con una combinación perfectamente equilibrada de azules y rojos principalmente, que se reparten equitativamente entre todos los personajes.

Sin duda se trata de la obra más monumental de Leonardo y para muchos la que alcanza un mayor nivel de perfección técnica, de variedad y riqueza expresiva, y por ello de mayor altura humanista e intelectual. Lástima que por su afán experimental, la pintura se haya deteriorado tanto. Y lástima también que como ocurre con tantas otras grandes obras de Leonardo el afán de protagonismo de algunos se apoye en la propia celebridad del autor y su pintura para hacer todo tipo de elucubraciones y especulaciones gratuitas sobre sus aspectosa iconográficos, que a la larga sólo sirven para llenar inocuos titulares sensacionalistas.

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El renacimiento

El renacimiento

Pintura renacentista

Fichero: HA08T03_Powerpoint.pdf Tamaño: 8.6 MB Autor: Jesús

Historia de la pintura

Historia de la Pintura

史繪畫

History of Painting

 

 

En el devenir de su historia, la pintura ha adoptado diferentes formas, según los distintos medios y técnicas que la han guiado y se han convertido en propios de cada una de ellas. Hasta el siglo XX, la pintura se apoya, casi invariablemente, en el arte del dibujo. En occidente, la pintura al fresco, que alcanzó su mayor grado de desarrollo a finales de la edad media y durante el renacimiento, se basa en la aplicación de pintura sobre yeso fresco o seco. Otra variedad antigua es la pintura al temple, que consiste en aplicar pigmentos en polvo mezclados con yema de huevo sobre una superficie preparada, que suele ser un lienzo sobre tabla.

Durante el renacimiento, la pintura al óleo vino a ocupar el lugar del fresco y del temple; tradicionalmente se pensaba que esta técnica había sido desarrollada a finales de la edad media por los hermanos flamencos Jan van Eyck y Hubert van Eyck, pero en la actualidad se cree que fue inventada mucho antes.

Otras técnicas de pintura son el esmalte, la encáustica, el gouache, la grisalla y la acuarela. En los últimos años se ha extendido el uso de las pinturas acrílicas, con base de agua, de rápido secado y que no se oscurecen con el paso del tiempo.

Con el transcurrir de los siglos, se han venido sucediendo diferentes métodos y estilos artísticos, así como teorías relacionadas con la finalidad del arte para, en algunos casos, reaparecer en épocas posteriores con alguna modificación. En el renacimiento, la pintura al fresco en muros y techos cedió el paso a la pintura de caballete al óleo, pero se reactualizó en el siglo XX con las obras de los muralistas mexicanos.

La necesidad de expresar una emoción intensa por medio del arte une a pintores tan diferentes como el español El Greco, del siglo XVI, y los expresionistas alemanes del siglo XX. En el polo opuesto de los intentos de los expresionistas por revelar la realidad interior, siempre ha habido pintores empeñados en representar exactamente los aspectos exteriores. El realismo y el simbolismo, la contención clásica y la pasión romántica, se han ido alternando a lo largo de la historia de la pintura, revelando afinidades e influencias significativas.

Pintura prehistórica y antigua

Las pinturas más antiguas que se conocen fueron realizadas en las paredes de las cuevas que servían de abrigo a la especie humana hace treinta mil años, durante el periodo paleolítico. Hay muestras del arte paleolítico en emplazamientos de Europa occidental, del África sahariana y del sur, y en Australia. En algunas zonas, como el litoral mediterráneo, el desarrollo de la pintura siguió en el periodo neolítico.

Pinturas rupestres

Las pinturas que se conservan en las cuevas de España y del sur de Francia representan, con increíble exactitud, bisontes, caballos y ciervos. Estas representaciones están realizadas en colores de tierra, compuestos de diferentes minerales pulverizados y mezclados con grasa animal, clara de huevo, extractos de plantas, cola de pescado, e incluso sangre; se aplicaban con pinceles hechos de varitas y juncos o se soplaban sobre la pared. Estas pinturas debieron cumplir un papel en los rituales mágicos, aunque no se conoce con certeza su naturaleza exacta.

Por ejemplo, en una pintura rupestre de Lascaux, Francia, aparece un hombre entre los animales junto a varios puntos oscuros; aunque su exacto significado permanece desconocido, demuestra la presencia de una conciencia espiritual y la capacidad de expresarla por medio de imágenes, signos y símbolos.

Pintura egipcia

Hace más de 5.000 años los artistas egipcios empezaron a pintar los muros de las tumbas de los faraones con representaciones mitológicas y escenas de las actividades cotidianas, como la caza, la pesca, la agricultura o la celebración de banquetes. Igual que en la escultura egipcia, prevalecen dos constantes estilísticas. En primer lugar, las imágenes, más conceptuales que realistas, presentan los rasgos anatómicos más característicos, combinando las vistas frontales y de perfil de la misma figura; en segundo lugar, la escala de las figuras indica la importancia de las mismas, y así el faraón aparece más alto que su consorte, hijos o cortesanos.

Pintura minoica

Los minoicos decoraron con pinturas realistas, de gran viveza, las paredes de sus palacios en Creta y también la cerámica. Por ejemplo, el famoso fresco del salto del toro (1500 antes de Cristo, Museo Heraklion, Creta) recrea un juego ritual entre personas y un toro. La vida del mar era un tema frecuente, como en el fresco del delfín (c. 1500 antes de Cristo), que se encuentra en las paredes del palacio del rey Minos en Knossos, o en el jarrón del pulpo (c. 1500 antes de Cristo, Heraklion Museum), una vasija globular sobre cuya superficie ondulan los tentáculos de un pulpo, que definen y realzan su forma.

Pintura griega

Con excepción de algunos fragmentos, no hay vestigios de los murales griegos. Sin embargo, las representaciones naturalistas de escenas mitológicas en la cerámica griega pueden arrojar alguna luz sobre cómo era esa pintura de gran formato. En la era helenística, las escenas y motivos representados en los mosaicos son también probablemente el eco de pinturas monumentales realizadas con otras técnicas que no han llegado hasta nosotros.

Pintura romana

Los romanos decoraban sus villas con suelos de mosaicos y exquisitos frescos representando rituales, mitos, paisajes, naturalezas muertas o bodegones, y escenas cotidianas. Los artistas romanos conseguían crear la ilusión de realidad, utilizando la técnica conocida como perspectiva aérea, mediante la que se representan de forma más borrosa los colores y contornos de los objetos más distantes para conseguir efectos espaciales. En las excavaciones realizadas en las ciudades de Pompeya y Herculano, que quedaron enterradas por la erupción del Vesubio en el año 79 de nuestra era, se ha recuperado una recopilación de pintura romana, tanto civil como religiosa.

Pintura paleocristiana y bizantina

Las muestras de pintura paleocristiana que han llegado hasta nosotros datan de los siglos III y IV y son los frescos de las catacumbas, en los que se representan escenas del Nuevo Testamento, cuya característica son ciertas estilizaciones y convencionalismos artísticos procedentes del mundo clásico. Por ejemplo, Jesús aparecía como el Buen Pastor, con una figura adoptada de las representaciones del dios griego Hermes; para simbolizar la resurrección se representaba la historia de Jonás liberado de la ballena, según el Antiguo Testamento.

Entre las obras más extraordinarias de este periodo paleocristiano se encuentran los mosaicos, del siglo VI, de las iglesias de Rávena, Italia, destacando los de San Vitale en los que están representados temas tanto espirituales como profanos. Las figuras estilizadas y alargadas que decoran las paredes de la iglesia, vistas casi de frente, miran al espectador con los ojos muy abiertos y parecen flotar ingrávidas y atemporales.

Esta presentación poco terrenal pasó a ser característica del arte bizantino y el estilo quedó vinculado a la corte imperial cristiana de Constantinopla, que perduró del año 330 al 1453. El estilo bizantino aparece también en los iconos, pinturas convencionales sobre tabla, destinadas al culto, que representan a Jesucristo, la Virgen y los santos. En los manuscritos miniados, tanto de textos laicos —los textos de Virgilio (siglo IV o principios del V, Biblioteca Vaticana, Roma)—, como de escritos cristianos —el Salterio de París (siglo X, Biblioteca Nacional, París)—, se aprecian vestigios del estilo grecorromano.

Pintura prehispánica en América

Las pinturas murales de Teotihuacán y las poblaciones vecinas de Tetitla y Tepentitla expresan la visión de la creación del universo según los antiguos mesoamericanos que poblaron esa zona situada en el norte y el centro de América, entre los siglos II antes de Cristo y VII después de Cristo La descripción del viaje que emprende el alma a través de lo que en conceptos cristianos se llamaría cielo e infierno refleja la inquietud respecto a la trascendencia del ser humano que no se conforma con su existencia terrenal. Alegorías de lo más preciado como el agua, la sangre, la vida, la serenidad, están reflejadas en los frescos dedicados a Tláloc, deidad de la lluvia, y al paraíso que ofrece cada vez que se prodiga.

Además de los códices, o escenas de la vida y la historia prehispánicas plasmadas en libros pintados, sobresalen las pinturas murales de Cacaxtla, en Tlaxcala, y de Bonampak, en Yucatán (México). En ellas quedaron plasmadas vivas escenas bélicas y ceremoniales donde resalta el dramatismo del dolor y el orgullo del triunfo. El uso de los colores —como el fondo azul característico maya— y del detalle, en los innumerables giros y atributos de las vestimentas de los personajes que lucen excelsos penachos, armamentos, joyería, calzados, máscaras, sientan las bases de un pilar fundamental de la plástica americana. En un detalle de los frescos de Bonampak (785 después de Cristo) se ve a un prisionero desmayado sobre una escalinata en uno de los escorzos más logrados de la pintura antigua. Es digno de mención el hecho de que pasarían unos siglos hasta que las culturas de América tuvieran contacto con las europeas y, por tanto, se desarrollaron sin ninguna influencia extracontinental.

Pintura medieval

El arte de la edad media —que se desarrolló fuera del imperio bizantino y dentro de lo que eran las fronteras del norte del mundo romano— puede clasificarse según sus rasgos estilísticos distintivos. El arte celta, que floreció entre los siglos VII y XIX en los monasterios de diferentes zonas de las islas Británicas, se basaba sobre todo en intrincados dibujos caligráficos. Se realizaron manuscritos miniados muy decorados, como los Evangelios de Lindisfarne (c. 698-721, Museo Británico, Londres), con elaborados motivos lineales, planos, en los que se combinan elementos celtas y germánicos. En el periodo románico, durante los siglos XI y XII, los manuscritos del norte de Europa no denotaban ningún estilo concreto; algunas iluminaciones eran de inspiración clásica, mientras que otras señalaban un nuevo estilo de dibujo, enérgico y muy acusado. En el periodo gótico que siguió, desde fin del siglo XII hasta el comienzo del renacimiento italiano, se introdujo un gran repertorio de medios técnicos, y la pintura dejó de ser un producto de monasterio.

Pintura gótica

Durante el principio del periodo gótico, la estructura de las catedrales concedía mayor importancia a las ventanas, por lo que las vidrieras desempeñaron un papel más prominente en el arte que los manuscritos miniados. Los artistas laicos instalaron sus talleres en París y en otros centros importantes, produciendo elaborados manuscritos miniados para los clientes reales. Hasta nosotros han llegado pinturas de temas seglares realizadas en aquel periodo, sobre todo en Italia. En el Palazzo Pubblico de Siena, Ambrogio Lorenzetti pintó unos frescos, entre 1338 y 1339, que representan la vida ciudadana y campesina del siglo XIV, y en la sala del consejo del ayuntamiento, se conserva un retrato ecuestre, pintado por Simone Martini, en el que aparece un héroe militar local, con su campamento como telón de fondo. Véase Arte y arquitectura góticas.

Estilo gótico internacional

La fusión de las tradiciones artísticas del norte de Europa y de Italia que tuvieron lugar a principios del siglo XV, se conoce como estilo gótico internacional. Entre las muchas características que definen la pintura de este estilo, se encuentra el detalle realista, que denota una perspicaz observación de los seres humanos y de la naturaleza, por parte del pintor. A principios de la década de 1400, los hermanos Limbourg se trasladaron de Flandes a Francia; allí, por encargo de Jean de France, duque de Berry, crearon el magnífico libro de horas Tregraves riches heures du duc de Berry (1413-1416, Musée Condé, Chantilly, Francia). Es una de las obras más importantes del estilo gótico internacional y sus páginas de calendario retratan la vida campesina y la de la nobleza; constituye un brillante documento sobre el vestido, actividades y arquitectura de la época. Aunque se trata de ilustraciones a toda página, reflejan un estilo medieval anterior, en el hecho de que las figuras son pequeñas y tienen que compartir la atención del lector con otras imágenes.

Giotto

Por contraste, unos cien años antes que los hermanos Limbourg, el pintor italiano Giotto había conferido a la figura humana un tamaño y dignidad monumentales, haciéndola protagonista de la historia. Con su obra revolucionó la pintura italiana y sus descubrimientos, junto con los de otros artistas, terminaron por afectar a la pintura en el norte. En la Capilla de la Arena, en Padua, se conservan los soberbios frescos pintados por Giotto, entre 1305 y 1306, sobre las vidas de Jesús y de la Virgen. El artista pintó también retablos de madera de gran formato, como otros muchos pintores del fin de la etapa medieval.

Pintura renacentista

El término renacimiento describe la revolución cultural de los siglos XV y XVI originada en Italia por el despertar del interés hacia la cultura clásica y por una fuerte confianza en el individualismo. Véase Arte y arquitectura renacentistas. Se seguía rindiendo culto a los logros de la antigüedad, pero al mismo tiempo se producía una reactivación intelectual y cultural. Por ejemplo, hacia 1427, Masaccio —uno de los grandes innovadores del periodo— realizó, en la capilla Brancacci de la iglesia de Santa Maria del Carmine, en Florencia, una notable serie de frescos que revelan su atenta observación del comportamiento humano, al tiempo que demuestran su conocimiento del arte antiguo. En la Expulsión del paraíso, su Adán y Eva están realmente avergonzados; la postura de Eva, intentando cubrirse el cuerpo con los brazos, está basada en una actitud característica de la escultura clásica, conocida como la Venus Púdica.

Las iglesias y edificios seglares de Italia y los museos de todo el mundo ofrecen una gran recopilación de la pintura renacentista italiana.

Pintura renacentista temprana

El desarrollo de los principios de la perspectiva lineal, llevado a cabo por varios arquitectos y escultores a principios del siglo XV, permitió a los pintores conseguir, por medio de la representación bidimensional, la ilusión del espacio tridimensional. Muchos de los artistas del primer renacimiento —como Paolo Uccello, Piero Della Francesca y Andrea Mantegna— se valieron del empleo dramático de la perspectiva y del escorzo en su dibujo para producir la ilusión de la prolongación de un objeto o figura en el espacio. La exploración de la anatomía condujo a un mayor entendimiento de la representación de la forma humana. También se empezaba a utilizar la pintura al óleo, desafiando a la antigua supremacía del temple y del fresco. Los pintores que explotaban el potencial de la nueva técnica trabajaban superponiendo estratos de veladuras de óleo transparentes y los lienzos sustituyeron a las antiguas tablas. Algo más tarde, otros artistas, sobre todo los que trabajaban en Venecia —especialmente Domenico Veneziano, Giovanni Bellini y Giorgione— destacaron por los tonos cálidos de sus óleos.

Pintura del alto renacimiento

Los maestros del alto renacimiento fueron Leonardo da Vinci, Rafael, Miguel Ángel y Tiziano. Paradójicamente, Leonardo sólo dejó un puñado de obras, pues dedicó la mayor parte de su tiempo a la observación científica de los fenómenos y a los inventos técnicos. Realizaba continuos experimentos con pigmentos oleosos sobre yeso seco, y a ello se debe el deterioro de los murales que han llegado hasta nuestros días —como es el caso de La última cena (1495-1497, Santa Maria delle Grazie, Milán)—. Rafael perfeccionó los anteriores descubrimientos renacentistas en materia de color y de composición, creando tipos ideales en sus representaciones de la Virgen y del Niño y en sus estudios de retratos de sus coetáneos. La Capilla Sixtina del Vaticano, en Roma, con sus frescos de la Creación y la Expulsión en la bóveda (1508-1512) y el gran mural del Juicio Final (1536-1541), dan fe del genio pictórico de Miguel ángel. Un estilo de pintura colorista alcanzó su clímax en Venecia con las obras de Tiziano, cuyos retratos denotan un profundo conocimiento de la naturaleza humana. Entre sus obras maestras se incluyen también representaciones de temas cristianos y mitológicos, así como numerosos desnudos femeninos, famosos en su género.

Manierismo

Hacia 1520, surgió en Italia un estilo sofisticado y artificioso, muy intelectual, conocido como manierismo. Se confería más importancia a la complejidad y a la distorsión que a la armonía de las líneas, al color o a la composición; en el manierismo, hasta las pinturas religiosas resultaban inquietantes para el espectador. Entre los pintores de este estilo destacan Pontormo, Rosso Fiorentino, Parmigianino, Tintoretto y Bronzino. El más conocido de los manieristas tardíos es El Greco, que aunque formado en Italia, se estableció en España. Su manera, intensamente emocional, de abordar sus temas, confería un fuerte sentido apocalíptico a sus obras, hasta a los paisajes, como por ejemplo su Vista de Toledo (c. 1600-1610, Metropolitan Museum of Art, Nueva York).

Pintura renacentista del norte de Europa

La influencia del renacimiento italiano alcanzó el norte de Europa a principios del siglo XV, pero esta renovación de la actividad artística y cultural no se basaba en la antiguuml;edad clásica, sino que estaba más bien marcada por un gran interés hacia los seres humanos y su entorno y a la meticulosa representación pictórica de los detalles naturales. Hablando en general, el interés por el arte antiguo y el conocimiento de la perspectiva lineal no se desarrollaron en el norte hasta el siglo XVI e, incluso entonces, no todos los artistas sacaban provecho de los descubrimientos hechos en Italia.

Uno de los pintores holandeses más importantes del siglo XV fue Jan van Eyck que, con la colaboración de su hermano Hubert, pintó el políptico del Retablo de Gante (terminado en 1432, Iglesia de San Bavón, Gante, Bélgica). En sus 24 paneles hay cientos de figuras, con una gran variedad de vegetación tan fielmente representada que se pueden identificar más de treinta especies de plantas. Entre los artistas flamencos de la época destacan Rogier van der Weyden, cuyas pinturas religiosas se centran en el drama emocional; Hans Memling, creador de figuras delicadas y llenas de gracia sobre fondos etéreos; y Hugo van der Goes, que, por encargo de la familia Portinari, pintó un soberbio retablo (c. 1476, Uffizi, Florencia) con gran riqueza de detalles. Todos estos artistas se caracterizaban por el uso de símbolos, o iconografía. El significado de los objetos no estaba en sí mismos sino que transmitían ideas abstractas; por ejemplo, una vasija de cristal simbolizaba pureza. En la Europa nórdica de entonces se entendía poco la perspectiva lineal; sin embargo, los logros de la pintura flamenca y holandesa en las técnicas del temple y del óleo no han sido superados.

El pintor francés más importante de la época fue Jean Fouquet, notable retratista y miniaturista, cuya obra denota la influencia tanto del anterior arte flamenco como de la pintura italiana contemporánea. La visita que realizó a Italia en la década de 1440 queda patente en la representación de una iglesia renacentista italiana en el fondo de uno de los cuerpos (c. 1450) de la obra devocional conocida como Díptico de Melun. Una de las tablas se encuentra en los Staatliche Museen de Berlín y la otra en los Musées Royaux des Beaux-Arts de Amberes, Bélgica.

A principios de la década de 1500 surgieron obras maestras de pintores más interesados en el valor expresivo de sus temas que en la perspectiva, la anatomía y las proporciones correctas. Buen ejemplo de ello es el tríptico del Jardín de las delicias (c. 1500, Museo del Prado, Madrid), del pintor holandés El Bosco; se trata de un conglomerado surrealista de formas humanas y animales, sensualmente sugestivas, y de extrañas plantas. Otro ejemplo de la exageración de la forma humana, característica del norte en el siglo XVI, es el Retablo de Isenheim (1512-c. 1515, Unterlinden Museum, Colmar, Francia), obra conmovedora del pintor alemán Matthias Grünewald. Por contraste, otro artista alemán Alberto Durero, el auténtico genio renacentista del norte, es conocido por su soberbia manera de representar la figura humana. Durero era un humanista cristiano, cuya curiosidad científica era comparable a la de Leonardo, y se inspiraba en el filósofo holandés Erasmo de Rotterdam y en Martin Lutero, como queda patente en el grabado El caballero, la muerte y el diablo (1513) y en los cuadros gemelos de los Cuatro apóstoles (c. 1526, Alte Pinakothek, Munich), obras en las que demuestra sus notables cualidades como dibujante. Otro conocido artista, alemán de nacimiento, fue Hans Holbein el Joven, recordado sobre todo por sus retratos, entre los que destacan el de Enrique VIII y el de Tomás Moro.

Entre los pintores holandeses del siglo XVI sobresale Pieter Brueghel el Viejo, con sus notables escenas de la vida campesina, muchas de las cuales son comentarios satíricos sobre la locura humana. Las atractivas obras de Brueghel sobre mitos, parábolas y proverbios eran tan apreciadas en el siglo XVI como lo siguen siendo en la actualidad.

Pintura barroca

El arte barroco del siglo XVII se caracteriza por su aspecto dinámico, en contraste con el estilo clásico, relativamente estático, del renacimiento. Esta tendencia se distingue por las líneas compositivas diagonales, que proporcionan el sentido del movimiento, y por el empleo de un marcado claroscuro. Con ambas técnicas se consiguió un estilo dramático, grandioso, apropiado al espíritu fundamental de la contrarreforma. Muchos pintores de principios del siglo XVII empezaron también a desviarse de la artificialidad del manierismo en un intento por volver a un reflejo más exacto del mundo natural.

Pintura rococó

El arte rococó, que floreció en Francia y en Alemania a principios del siglo XVIII, era en muchos aspectos una continuación del barroco, sobre todo en lo concerniente al uso de la luz y de la sombra y al movimiento compositivo.

Sin embargo, el rococó es un estilo más ligero y festivo, muy adecuado para la decoración de las residencias parisinas. Entre los pintores rococó destaca Jean Antoine Watteau, conocido por sus pinturas etéreas de enamorados elegantemente vestidos, solazándose en las fetes galantes (reuniones al aire libre, que estaban de moda); estas fantasías bucólicas fueron muy emuladas por otros artistas franceses.

También eran muy populares las escenas mitológicas y pastorales, en las que aparecían mujeres desenfadadas y distinguidas, realizadas por Francois Boucher y Jean-Honoré Fragonard.

Por su parte, J. B. S. Chardin, también destacado como pintor de bodegones, confería a las mujeres el papel de madre y de ama de casa en sus escenas de género. Como ejemplo del estilo rococó en Alemania está la obra del pintor italiano Giovanni Battista Tiepolo, que pasó algún tiempo en Wurzburgo; los techos de la sala de la escalera y del salón de recepciones del palacio episcopal de Wurzburgo están decorados con sus frescos de gran ilusionismo.

Como parangón a la tradición rococó del continente, se encuentran las obras de tres destacados artistas ingleses del siglo XVIII. William Hogarth era conocido por sus cuadros y grabados de tono moralizante, en los que satirizaba los disparates sociales de su época, como en su famosa serie (primero pintada y después grabada) Mariage agrave; la mode (1745), en la que relata la ruinosa trayectoria de los matrimonios de conveniencia.

Thomas Gainsborough y Sir Joshua Reynolds, siguiendo la tradición establecida por van Dyck, se centraron en retratar a la aristocracia inglesa. El vigor y la gracia de estos retratos, y su penetrante interpretación psicológica, los elevan del simple retrato social a un incomparable registro de las modas y costumbres de las clases adineradas de la época.

Pintura neoclásica

En la segunda mitad del siglo XVIII la pintura experimentó una revolución, cuando el casto neoclasicismo vino a sustituir al exuberante estilo rococó. Este resurgimiento clásico en las artes se debió a diferentes acontecimientos. En primer lugar, a mediados del siglo XVIII, se iniciaron muchas excavaciones arqueológicas en Italia y en Grecia y se publicaron libros con dibujos de antiguas construcciones que los arquitectos ingleses y franceses copiaron con avidez. En segundo lugar, en 1755, el historiador del arte alemán Johann Joachim Winckelmann publicó su ensayo Pensamientos sobre la imitación de las obras griegas en la pintura y la escultura, ensalzando la escultura griega. Esta obra, que ejerció gran influencia sobre los artistas, impresionó sobre todo a cuatro pintores extranjeros residentes en Roma: el escocés Gavin Hamilton, el alemán Anton Raphael Mengs, la suiza Angelika Kauffmann y el estadounidense Benjamin West, que se inspiraron en ella para crear cuadros basados en la literatura clásica.

Fue, sin embargo, el pintor francés Jacques-Louis David el principal defensor del neoclasicismo. También él estaba imbuido de las influencias clásicas recibidas durante su estancia en Roma, y con anterioridad, de las obras del clasicista francés del siglo XVII, Poussin. El sobrio estilo de David armonizaba con los ideales de la Revolución Francesa. Obras como El juramento de los Horacios (1784-1785, Louvre) inspiraban patriotismo; otras, como la Muerte de Sócrates (1787, Metropolitan Museum), predicaban el estoicismo y la abnegación. David no sólo utilizaba la historia antigua y el mito clásico como fuentes para sus temas, sino que basaba la forma de sus figuras en la escultura antigua. Su gran sucesor fue Jean Auguste Dominique Ingres, a quien se llegó a identificar con la tradición académica en Francia por la fría serenidad de sus líneas y tonos, y por su esmerado interés por el detalle, como en su sorprendente retrato de La condesa de Haussonville (1845, colección Frick, Nueva York). Sin embargo, ya se encuentran elementos de la tendencia romántica, que pronto sucedería al neoclasicismo, en el interés que Ingres mostraba por los temas no-europeos, como lo demuestran sus diferentes cuadros de odaliscas.

David ejerció su influencia sobre muchos otros pintores, entre los que se encontraban varias mujeres que destacaban como seguidoras suyas. Era el caso de Adélaiuml;de Labille-Guiard, Marie Guillemine Benoist y Constance Marie Charpentier, algunas de cuyas obras han sido erróneamente atribuidas a David en el pasado; las investigaciones recientes han tratado de identificar sus contribuciones individuales. Véase Neoclasicismo.

Pintura romántica

Sucediendo muy de cerca al neoclasicismo, el movimiento romántico introdujo el gusto por lo medieval y lo misterioso, así como el amor por lo pintoresco y lo sublime de la naturaleza. Se dio rienda suelta a la imaginación individual y a la expresión de la emoción y del estado de ánimo, desbancando al enfoque intelectual razonado de los neoclasicistas. En general, los pintores románticos preferían las técnicas coloristas y pictoricistas al estilo neoclásico, lineal y frío.

Francisco de Goya

Aunque el romanticismo fue el movimiento dominante durante buena parte del siglo XIX, existían otras tendencias artísticas del todo diferentes, y muchos pintores no abrazaron ninguna escuela claramente definida. Por ejemplo, no se puede relacionar a Francisco de Goya con ningún movimiento artístico concreto. Sus obras tempranas son de un estilo rococó modificado y sus últimos trabajos (entre los que se cuentan las Pinturas negras (Museo del Prado) realizadas en su casa de la Quinta del Sordo) son expresionistas y alucinatorias. En algunos retratos de la familia real —por ejemplo La familia de Carlos IV (1800, Museo del Prado, Madrid)— emuló la fórmula de su compatriota Velázquez (en Las Meninas) incluyéndose ante el caballete. Pero, al revés que la obra de Velázquez, los retratos de Goya no son nunca objetivos; su perspicacia psicológica revela la insulsez de sus modelos y su brillante pincelada recoge sin rodeos sus defectos físicos.

Realismo

Hacia mediados del siglo XIX, el pintor francés Gustave Courbet rechazaba tanto el neoclasicismo como el romanticismo y proclamaba un movimiento individual llamado realismo. No le interesaba la pintura histórica, ni los retratos de los gobernantes, ni los temas exóticos, pues creía que el artista debía ser realista y pintar los acontecimientos cotidianos de la gente común. El entorno elegido para muchos de sus lienzos fue Ornan, su villa natal en el levante francés; allí retrató a obreros construyendo una carretera, a ciudadanos asistiendo a un funeral, o a hombres sentados alrededor de la mesa escuchando música y fumando. Aunque no existía ningún movimiento artístico realista formal, la obra de algunos pintores del siglo XIX presenta tendencias que pudieran ser identificadas como tales. Honoré Daumier, más conocido por sus litografías, pintó pequeños lienzos realistas sobre la vida en las calles de París y en algunos casos se tacha de social-realista a Jean-Franccedil;ois Millet, de la Escuela de Barbizon.

Desarrollo del impresionismo

Al volver sus ojos hacia los temas cotidianos, los artistas de mediados del siglo XIX cuya obra es adscribible al realismo sentaron un precedente para la siguiente generación de la vanguardia francesa. édouard Manet fue el principal innovador de la década de 1860 y su estilo fue precursor del impresionismo. Al igual que Courbet, Manet encontró muchos de sus temas en la vida que le rodeaba (los parisinos solazándose en restaurantes, en parques, o paseando en barco), aunque también tomó muchos de maestros anteriores —Velázquez y Goya— recreándolos de acuerdo con la vida contemporánea, a su propio estilo, aplanando las figuras y neutralizando las expresiones emocionales. Estas y otras innovaciones, como su pincelada libre e imprecisa y sus amplios parches de color yuxtapuestos sin transición, hacen que se considere a Manet el primer pintor moderno.

Movimientos post-impresionistas

En la década de 1880, y durante un breve periodo, Pissarro se desvió hacia una nueva técnica, una ramificación del impresionismo desarrollada por Georges Seurat y conocida como divisionismo o puntillismo. Seurat y sus seguidores neoimpresionistas transformaron la pincelada suelta, típica del impresionismo, en puntitos de pigmento puro, yuxtaponiendo sobre el lienzo zonas diminutas de colores complementarios. Las teorías de Seurat procedían de sus lecturas de los textos estéticos y científicos del siglo XIX sobre el color. Esta técnica se aprecia perfectamente en una de sus obras más espectaculares, Domingo de verano en la isla de la Grande Jatte (1884-1886, Art Institute of Chicago).

Las obras tempranas de tres importantes artistas de finales del siglo XIX, Vincent van Gogh, Paul Gauguin y Henri Toulouse-Lautrec, denotaban la influencia del impresionismo, pero acabaron por desarrollar estilos postimpresionistas claramente definidos. Tanto van Gogh como Pissarro hicieron breves experimentos con la división del color. Sin embargo, en el estilo desarrollado por van Gogh era típico el empleo del color puro, aplicado muy denso en pinceladas vacilantes que dotaban a la obra de intensa expresión emocional. Muchos de sus lienzos, en especial los de cipreses azotados por el viento y los de campos de trigo bajo cielos tormentosos, expresan su propio estado de ánimo, tal como lo reflejan las fuerzas de la naturaleza. El estilo de van Gogh ejerció gran influencia sobre los pintores del norte de Europa que, a principios del siglo XX, desarrollaron el expresionismo.

La obra de su colega Gauguin refleja también distorsiones de línea y de color pero difiere de la suya en que es más simbólica que expresionista. Las zonas de colores mates fuertes forman motivos decorativos, con los contornos muy marcados. Gauguin fue la figura central de un nuevo movimiento conocido como sintetismo o simbolismo, activo durante la década de 1890, cuyos inmediatos seguidores formaban el grupo de los Nabis.

Otro camino tomó Toulouse-Lautrec, pintor de personas, que elegía a sus modelos entre las cantantes y bailarinas de cabaret y las prostitutas; estas figuras eran la expresión de la decadencia social del París de los llamados "Alegres Noventa". Como muchos otros artistas —Manet, Degas o la estadounidense Mary Cassatt— estaba influido por el estilo plano y la composición en apariencia descuidada de los grabados japoneses. Toulouse-Lautrec tenía un gran sentido de la línea, apreciable en sus dibujos y litografías de color, medio éste al que aportó mucho de su trabajo, sobre todo con sus carteles para el Moulin Rouge y otros lugares de esparcimiento parisinos.

Pintura del siglo XX anterior a la II Guerra Mundial

El arte del siglo XX se caracteriza por numerosos movimientos y estilos. Entre los que tuvieron su origen en Europa antes de la II Guerra Mundial se encuentran el fauvismo, el expresionismo, el cubismo, el futurismo, el constructivismo, el neo-plasticismo, el dadá y el surrealismo; en Estados Unidos se desarrollaron el sincronismo y el precisionismo. Véase Arte y arquitectura contemporáneas.

Fauvismo

A principios de siglo, los artistas, tanto franceses como alemanes, mostraron su interés por el arte de las sociedades no-occidentales. Después de investigar las llamadas tradiciones artísticas primitivas en Bretaña, Gauguin trasladó su búsqueda a los mares del sur. Su modelo de color decorativo y sus teorías influyeron sobre un grupo posterior de pintores, conocidos como los "fauves" (fieras), a la cabeza de los cuales estaba Henri Matisse. Otros "fauves" conocidos fueron André Derain, Georges Braque y Maurice de Vlaminck, que presumían de ser los primeros artistas europeos en descubrir la escultura africana.

Expresionismo

La obra de los artistas más preocupados por plasmar sentimientos y respuestas subjetivos, por medio de la distorsión de la línea y del color, que por representar fielmente la realidad externa, se fundió en un movimiento conocido como expresionismo.

En Alemania, el movimiento abarcaba dos grupos. Los artistas jóvenes, activos entre 1905 y 1913, que componían el grupo Die Bruuml;cke estaban, como los fauves, inspirados en el arte africano, cuya fuerza y energía trasladaban a su propia obra. El grupo estaba formado por Ernst Ludwig Kirchner, Karl Schmidt-Rottluff, Erich Heckel y Emil Nolde, entre otros. Representaban los sufrimientos de la humanidad con un estilo parecido, en cierto modo, al fauvismo, pero con el ingrediente añadido de la angustia. La obra temprana del noruego Edvard Munch, de gran carga emocional, era bien conocida en Alemania y produjo honda impresión en los artistas de Die Bruuml;cke.

Algo más tarde, en 1911, Franz Marc y el artista nacido en Rusia Wassily Kandinsky encabezaron la otra fase del expresionismo alemán, por medio del grupo Der Blaue Reiter, en Munich; se inspiraban en el llamado arte primitivo, en el fauvismo, y en el arte popular, y la modalidad expresionista que practicaban evolucionó hacia una forma de pintar semi-abstracta.

Los principales componentes del Blaue Reiter eran August Macke, Gabriele Muuml;nter, Paul Klee y Alexey von Jawlensky. En esos años, el uruguayo Pedro Figari produce su obra neo impresionista en su país, en Buenos Aires y París.

Cubismo

Entre 1907 y 1914, Pablo Picasso y Georges Braque desarrollaron el cubismo en París, inspirándose en la forma, cada vez más geométrica, que tenía Cézanne de representar los paisajes y las naturalezas muertas, y en las formas dinámicas de la escultura africana e ibérica.

El cubismo llegó a ser el estilo artístico que más influencia ejerció entodo el siglo XX; se basa en poner de relieve la bidimensionalidad del plano pictórico, rechazando los valores tradicionales de perspectiva, escorzo, modelado y claroscuro. La pintura cubista atravesó diferentes fases, entre las manos de Picasso y Braque inicialmente, y más tarde las de Fernand Léger, Robert Delaunay, Sonia Delaunay y Juan Gris, para ser modificado posteriormente por un grupo de artistas italianos entre los que se encontraban Gino Severini, Umberto Boccioni, Carlo Carragrave; y Giacomo Balla.

El cubismo en América Latina tiene, entre otros representantes, al cubano Wifredo Lam y al mexicano Diego Rivera en su obra de caballete. Su intención de expresar en el arte el avance dinámico del siglo XX se conoce como futurismo. En los años 1930 se da a conocer el uruguayo Joaquín García Torres, precursor del arte constructivo.

Pintura abstracta

El arte abstracto, que abarca varios estilos bien definidos, empezó a desarrollarse en Alemania, Estados Unidos, Rusia y los Países Bajos durante la segunda década del siglo XX.

El cubismo fue crucial para su evolución, sobre todo en Rusia, donde los artistas, que conocían las tendencias francesas, bien a través de sus viajes a París, o viendo el arte de vanguardia en las colecciones moscovitas, empezaron a crear cuadros de construcción geométrica. Kazimir Maliévich llamó suprematismo a su manera de abordar la abstracción, mientras que a otros artistas rusos —como Alexander Rodchenko y El Lissitzky— se les conoció como constructivistas.

Después de su contacto con el cubismo, Piet Mondrian desarrolló una forma de abstracción llamada neo-plasticismo. Sus pinturas de cuadrículas, poniendo de relieve la bidimensionalidad del plano pictórico, y sus teorías estéticas fueron la base del desarrollo de la abstracción geométrica en Estados Unidos en la década de 1930. En esta última tendencia destaca en América Latina el italo-brasileño Alfredo Volpi, cuyo trabajo desemboca en una geometría sensible, con trazos menos exactos y más imaginativos.

Dadá

Durante la I Guerra Mundial un grupo de intelectuales suizos, unidos por su repugnancia hacia los valores burgueses, y sobre todo hacia el militarismo de los años de guerra, eligió el vocablo "dadá", sin significado alguno, para describir sus actividades de protesta y repulsa y el arte con el que desafiaban los criterios estéticos establecidos.

El más conocido de los dadaístas era el pintor francés Marcel Duchamp, que expresó su desaprobación por el "arte agradable y atractivo" añadiendo bigote y barba a una reproducción de la Mona Lisa de Leonardo da Vinci. La iconoclastia de Duchamp encontró también expresión en lo que llamaba readymades, los objetos cotidianos que él presentaba como obras de arte. Otros dadaístas famosos fueron Francis Picabia, George Grosz y Max Ernst.

Surrealismo

"Bañista", Salvador Dalí

Los dadaístas aprovechaban el accidente y la oportunidad para crear obras, métodos que fueron adoptados por sus sucesores, los surrealistas.

En 1924 André Breton presentó un manifiesto dando el nombre de surrealismo al movimiento que proclamaba la superioridad del inconsciente y el papel de los sueños en la creación artística.

Los surrealistas más importantes fueron Ernst, Salvador Dalí, Joan Miró, René Magritte, Jean Arp y André Masson. En América Latina destaca el chileno Roberto Matta, que combina el surrealismo con la abstracción.

Por otra parte, se podría incluir a la mexicana Frida Kahlo dentro de una corriente surrealista influida por el arte popular.

A partir de la II Guerra Mundial, los artistas de todo el mundo han desempeñado un importantísimo papel en la creación de nuevos estilos o en el desarrollo de los ya existentes. Entre ellos se encuentran el expresionismo abstracto, el Op Art y el Pop Art, el fotorrealismo y el minimalismo.

Expresionismo abstracto

La presencia en Estados Unidos de muchos surrealistas europeos refugiados, fue sin duda el catalizador en la creación del expresionismo abstracto, movimiento centrado en Nueva York entre las décadas de 1940 y 1950. Su investigación del inconsciente y de las técnicas que hacían uso de la casualidad intrigó a Jackson Pollock, Willem de Kooning, Hans Hofmann, y muchos otros.

Estos artistas, partidarios del automatismo surrealista (una técnica similar a la escritura automática) y del expresionismo, eran conocidos como action painters. En manos de Pollock, por ejemplo, la técnica pictórica implicaba gotear colores sobre lienzos de gran formato para crear al azar motivos enérgicos.

Otros expresionistas abstractos, como Mark Rothko y Barnett Newman, desarrollaron la colour-field painting, aplicando sobre el lienzo grandes extensiones de color sutilmente modulado. En Argentina destaca Ronaldo de Juan, que más tarde optó por grandes cuadros de tonos grises.

Op Art y Pop Art

En la década de 1960 se iniciaron nuevos estilos y movimientos. Algunos pintores siguieron en la senda de la abstracción, como denota el Op Art de Victor Vasarely.

Si bien el Op Art se basa en producir ilusiones ópticas generalmente abstractas, el Pop Art es figurativo, como se aprecia en las divertidas obras de su creador, el artista inglés Richard Hamilton.

Los artistas Pop tomaban sus imágenes de los anuncios, de las películas, de las tiras cómicas y de los objetos cotidianos. Entre los más destacados artistas pop americanos se encuentran Robert Rauschenberg, Jasper Johns, Jim Dine, Roy Lichtenstein, Tom Wesselmann, James Rosenquist y Andy Warhol.

Nuevo Realismo

Las irónicas imágenes del Pop Art ayudaron a despejar el camino para un renacimiento de la pintura realista. El realismo es un estilo continuo, pero muy individualista, en el arte de América, y abarca a pintores tan dispares como Thomas Eakins, Sloan, Hopper, Andrew Wyeth y Fairfield Porter.

Los realistas que se destacaron en las décadas de 1970 y 1980 fueron aquellos que habían asumido algunos de los conceptos estéticos del arte abstracto. El fotorrealismo se basaba en la fotografía para conseguir una variedad de pintura realista impersonal, con detalles precisos, como en los meticulosos paisajes urbanos de Richard Estes.

Los desnudos rigurosamente estructurados de Philip Pearlstein y las composiciones planas de Alex Katz y Wayne Thiebaud conferían también al realismo un tono frío y abstracto. Mientras tanto, en América Latina empezaban a brillar figuras como el ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, que acude a las aristas pronunciadas y a la deformación para expresar a menudo un contenido político.

Nuevas tendencias abstractas

Obra de Larry Poons

Después de la intensa subjetividad del expresionismo abstracto, la pintura abstracta se inclinó hacia una pureza formal más rigurosa e impersonal.

La culminación de esta tendencia fue el minimalismo, en el cual la pintura se reducía a simples formas geométricas, motivos rítmicos o colores lisos. A la cabeza de los minimalistas estaban Kenneth Noland, Larry Poons, Robert Ryman y Brice Marden. La Hard-edge abstraction fue un movimiento relacionado con el anterior, que evolucionó hacia composiciones abstractas más complejas y dinámicas en las obras de Frank Stella y Al Held.

Bajo la influencia de la máxima de Duchamp, según la cual la pintura debía estar "al servicio de la mente", el arte conceptual solía consistir en una sola palabra o en una afirmación teórica. En esta época destaca el uruguayo Nelson Ramos.

La pintura europea de la posguerra

Entre los pintores que destacaron después de la II Guerra Mundial se encontraba Jean Dubuffet y Karel Appel. En Inglaterra las agónicas figuras de Francis Bacon y los cuadros urbanos, llenos de lirismo, de David Hockney dan fe de la vitalidad de la pintura figurativa inglesa. En América Latina, el dibujante, pintor, moralista y escultor colombiano Fernando Botero empieza e exponer desde principios de la década de 1950. La factura ingeniosa de sus personajes obesos deja ver la influencia de los pintores italianos del quattrocento.

Neo-expresionismo

En la década de 1980 varios artistas jóvenes, europeos y americanos, se rebelaron contra la pureza formalista, impersonal y austera, de gran parte del arte abstracto. El resultado fue un resurgimiento de la pintura figurativa y narrativa llamado neo-expresionismo. Muchos de los seguidores de este movimiento evitaron la representación realista, empleando en su lugar pinceladas toscas y colores fuertes para plasmar sus visiones subjetivas, por lo general ambiguas y enigmáticas.

Fuente:

Enciclopedia Encarta

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Historia de la Pintura

史繪畫

History of Painting

 

 

En el devenir de su historia, la pintura ha adoptado diferentes formas, según los distintos medios y técnicas que la han guiado y se han convertido en propios de cada una de ellas. Hasta el siglo XX, la pintura se apoya, casi invariablemente, en el arte del dibujo. En occidente, la pintura al fresco, que alcanzó su mayor grado de desarrollo a finales de la edad media y durante el renacimiento, se basa en la aplicación de pintura sobre yeso fresco o seco. Otra variedad antigua es la pintura al temple, que consiste en aplicar pigmentos en polvo mezclados con yema de huevo sobre una superficie preparada, que suele ser un lienzo sobre tabla.

Durante el renacimiento, la pintura al óleo vino a ocupar el lugar del fresco y del temple; tradicionalmente se pensaba que esta técnica había sido desarrollada a finales de la edad media por los hermanos flamencos Jan van Eyck y Hubert van Eyck, pero en la actualidad se cree que fue inventada mucho antes.

Otras técnicas de pintura son el esmalte, la encáustica, el gouache, la grisalla y la acuarela. En los últimos años se ha extendido el uso de las pinturas acrílicas, con base de agua, de rápido secado y que no se oscurecen con el paso del tiempo.

Con el transcurrir de los siglos, se han venido sucediendo diferentes métodos y estilos artísticos, así como teorías relacionadas con la finalidad del arte para, en algunos casos, reaparecer en épocas posteriores con alguna modificación. En el renacimiento, la pintura al fresco en muros y techos cedió el paso a la pintura de caballete al óleo, pero se reactualizó en el siglo XX con las obras de los muralistas mexicanos.

La necesidad de expresar una emoción intensa por medio del arte une a pintores tan diferentes como el español El Greco, del siglo XVI, y los expresionistas alemanes del siglo XX. En el polo opuesto de los intentos de los expresionistas por revelar la realidad interior, siempre ha habido pintores empeñados en representar exactamente los aspectos exteriores. El realismo y el simbolismo, la contención clásica y la pasión romántica, se han ido alternando a lo largo de la historia de la pintura, revelando afinidades e influencias significativas.

Pintura prehistórica y antigua

Las pinturas más antiguas que se conocen fueron realizadas en las paredes de las cuevas que servían de abrigo a la especie humana hace treinta mil años, durante el periodo paleolítico. Hay muestras del arte paleolítico en emplazamientos de Europa occidental, del África sahariana y del sur, y en Australia. En algunas zonas, como el litoral mediterráneo, el desarrollo de la pintura siguió en el periodo neolítico.

Pinturas rupestres

Las pinturas que se conservan en las cuevas de España y del sur de Francia representan, con increíble exactitud, bisontes, caballos y ciervos. Estas representaciones están realizadas en colores de tierra, compuestos de diferentes minerales pulverizados y mezclados con grasa animal, clara de huevo, extractos de plantas, cola de pescado, e incluso sangre; se aplicaban con pinceles hechos de varitas y juncos o se soplaban sobre la pared. Estas pinturas debieron cumplir un papel en los rituales mágicos, aunque no se conoce con certeza su naturaleza exacta.

Por ejemplo, en una pintura rupestre de Lascaux, Francia, aparece un hombre entre los animales junto a varios puntos oscuros; aunque su exacto significado permanece desconocido, demuestra la presencia de una conciencia espiritual y la capacidad de expresarla por medio de imágenes, signos y símbolos.

Pintura egipcia

Hace más de 5.000 años los artistas egipcios empezaron a pintar los muros de las tumbas de los faraones con representaciones mitológicas y escenas de las actividades cotidianas, como la caza, la pesca, la agricultura o la celebración de banquetes. Igual que en la escultura egipcia, prevalecen dos constantes estilísticas. En primer lugar, las imágenes, más conceptuales que realistas, presentan los rasgos anatómicos más característicos, combinando las vistas frontales y de perfil de la misma figura; en segundo lugar, la escala de las figuras indica la importancia de las mismas, y así el faraón aparece más alto que su consorte, hijos o cortesanos.

Pintura minoica

Los minoicos decoraron con pinturas realistas, de gran viveza, las paredes de sus palacios en Creta y también la cerámica. Por ejemplo, el famoso fresco del salto del toro (1500 antes de Cristo, Museo Heraklion, Creta) recrea un juego ritual entre personas y un toro. La vida del mar era un tema frecuente, como en el fresco del delfín (c. 1500 antes de Cristo), que se encuentra en las paredes del palacio del rey Minos en Knossos, o en el jarrón del pulpo (c. 1500 antes de Cristo, Heraklion Museum), una vasija globular sobre cuya superficie ondulan los tentáculos de un pulpo, que definen y realzan su forma.

Pintura griega

Con excepción de algunos fragmentos, no hay vestigios de los murales griegos. Sin embargo, las representaciones naturalistas de escenas mitológicas en la cerámica griega pueden arrojar alguna luz sobre cómo era esa pintura de gran formato. En la era helenística, las escenas y motivos representados en los mosaicos son también probablemente el eco de pinturas monumentales realizadas con otras técnicas que no han llegado hasta nosotros.

Pintura romana

Los romanos decoraban sus villas con suelos de mosaicos y exquisitos frescos representando rituales, mitos, paisajes, naturalezas muertas o bodegones, y escenas cotidianas. Los artistas romanos conseguían crear la ilusión de realidad, utilizando la técnica conocida como perspectiva aérea, mediante la que se representan de forma más borrosa los colores y contornos de los objetos más distantes para conseguir efectos espaciales. En las excavaciones realizadas en las ciudades de Pompeya y Herculano, que quedaron enterradas por la erupción del Vesubio en el año 79 de nuestra era, se ha recuperado una recopilación de pintura romana, tanto civil como religiosa.

Pintura paleocristiana y bizantina

Las muestras de pintura paleocristiana que han llegado hasta nosotros datan de los siglos III y IV y son los frescos de las catacumbas, en los que se representan escenas del Nuevo Testamento, cuya característica son ciertas estilizaciones y convencionalismos artísticos procedentes del mundo clásico. Por ejemplo, Jesús aparecía como el Buen Pastor, con una figura adoptada de las representaciones del dios griego Hermes; para simbolizar la resurrección se representaba la historia de Jonás liberado de la ballena, según el Antiguo Testamento.

Entre las obras más extraordinarias de este periodo paleocristiano se encuentran los mosaicos, del siglo VI, de las iglesias de Rávena, Italia, destacando los de San Vitale en los que están representados temas tanto espirituales como profanos. Las figuras estilizadas y alargadas que decoran las paredes de la iglesia, vistas casi de frente, miran al espectador con los ojos muy abiertos y parecen flotar ingrávidas y atemporales.

Esta presentación poco terrenal pasó a ser característica del arte bizantino y el estilo quedó vinculado a la corte imperial cristiana de Constantinopla, que perduró del año 330 al 1453. El estilo bizantino aparece también en los iconos, pinturas convencionales sobre tabla, destinadas al culto, que representan a Jesucristo, la Virgen y los santos. En los manuscritos miniados, tanto de textos laicos —los textos de Virgilio (siglo IV o principios del V, Biblioteca Vaticana, Roma)—, como de escritos cristianos —el Salterio de París (siglo X, Biblioteca Nacional, París)—, se aprecian vestigios del estilo grecorromano.

Pintura prehispánica en América

Las pinturas murales de Teotihuacán y las poblaciones vecinas de Tetitla y Tepentitla expresan la visión de la creación del universo según los antiguos mesoamericanos que poblaron esa zona situada en el norte y el centro de América, entre los siglos II antes de Cristo y VII después de Cristo La descripción del viaje que emprende el alma a través de lo que en conceptos cristianos se llamaría cielo e infierno refleja la inquietud respecto a la trascendencia del ser humano que no se conforma con su existencia terrenal. Alegorías de lo más preciado como el agua, la sangre, la vida, la serenidad, están reflejadas en los frescos dedicados a Tláloc, deidad de la lluvia, y al paraíso que ofrece cada vez que se prodiga.

Además de los códices, o escenas de la vida y la historia prehispánicas plasmadas en libros pintados, sobresalen las pinturas murales de Cacaxtla, en Tlaxcala, y de Bonampak, en Yucatán (México). En ellas quedaron plasmadas vivas escenas bélicas y ceremoniales donde resalta el dramatismo del dolor y el orgullo del triunfo. El uso de los colores —como el fondo azul característico maya— y del detalle, en los innumerables giros y atributos de las vestimentas de los personajes que lucen excelsos penachos, armamentos, joyería, calzados, máscaras, sientan las bases de un pilar fundamental de la plástica americana. En un detalle de los frescos de Bonampak (785 después de Cristo) se ve a un prisionero desmayado sobre una escalinata en uno de los escorzos más logrados de la pintura antigua. Es digno de mención el hecho de que pasarían unos siglos hasta que las culturas de América tuvieran contacto con las europeas y, por tanto, se desarrollaron sin ninguna influencia extracontinental.

Pintura medieval

El arte de la edad media —que se desarrolló fuera del imperio bizantino y dentro de lo que eran las fronteras del norte del mundo romano— puede clasificarse según sus rasgos estilísticos distintivos. El arte celta, que floreció entre los siglos VII y XIX en los monasterios de diferentes zonas de las islas Británicas, se basaba sobre todo en intrincados dibujos caligráficos. Se realizaron manuscritos miniados muy decorados, como los Evangelios de Lindisfarne (c. 698-721, Museo Británico, Londres), con elaborados motivos lineales, planos, en los que se combinan elementos celtas y germánicos. En el periodo románico, durante los siglos XI y XII, los manuscritos del norte de Europa no denotaban ningún estilo concreto; algunas iluminaciones eran de inspiración clásica, mientras que otras señalaban un nuevo estilo de dibujo, enérgico y muy acusado. En el periodo gótico que siguió, desde fin del siglo XII hasta el comienzo del renacimiento italiano, se introdujo un gran repertorio de medios técnicos, y la pintura dejó de ser un producto de monasterio.

Pintura gótica

Durante el principio del periodo gótico, la estructura de las catedrales concedía mayor importancia a las ventanas, por lo que las vidrieras desempeñaron un papel más prominente en el arte que los manuscritos miniados. Los artistas laicos instalaron sus talleres en París y en otros centros importantes, produciendo elaborados manuscritos miniados para los clientes reales. Hasta nosotros han llegado pinturas de temas seglares realizadas en aquel periodo, sobre todo en Italia. En el Palazzo Pubblico de Siena, Ambrogio Lorenzetti pintó unos frescos, entre 1338 y 1339, que representan la vida ciudadana y campesina del siglo XIV, y en la sala del consejo del ayuntamiento, se conserva un retrato ecuestre, pintado por Simone Martini, en el que aparece un héroe militar local, con su campamento como telón de fondo. Véase Arte y arquitectura góticas.

Estilo gótico internacional

La fusión de las tradiciones artísticas del norte de Europa y de Italia que tuvieron lugar a principios del siglo XV, se conoce como estilo gótico internacional. Entre las muchas características que definen la pintura de este estilo, se encuentra el detalle realista, que denota una perspicaz observación de los seres humanos y de la naturaleza, por parte del pintor. A principios de la década de 1400, los hermanos Limbourg se trasladaron de Flandes a Francia; allí, por encargo de Jean de France, duque de Berry, crearon el magnífico libro de horas Tregraves riches heures du duc de Berry (1413-1416, Musée Condé, Chantilly, Francia). Es una de las obras más importantes del estilo gótico internacional y sus páginas de calendario retratan la vida campesina y la de la nobleza; constituye un brillante documento sobre el vestido, actividades y arquitectura de la época. Aunque se trata de ilustraciones a toda página, reflejan un estilo medieval anterior, en el hecho de que las figuras son pequeñas y tienen que compartir la atención del lector con otras imágenes.

Giotto

Por contraste, unos cien años antes que los hermanos Limbourg, el pintor italiano Giotto había conferido a la figura humana un tamaño y dignidad monumentales, haciéndola protagonista de la historia. Con su obra revolucionó la pintura italiana y sus descubrimientos, junto con los de otros artistas, terminaron por afectar a la pintura en el norte. En la Capilla de la Arena, en Padua, se conservan los soberbios frescos pintados por Giotto, entre 1305 y 1306, sobre las vidas de Jesús y de la Virgen. El artista pintó también retablos de madera de gran formato, como otros muchos pintores del fin de la etapa medieval.

Pintura renacentista

El término renacimiento describe la revolución cultural de los siglos XV y XVI originada en Italia por el despertar del interés hacia la cultura clásica y por una fuerte confianza en el individualismo. Véase Arte y arquitectura renacentistas. Se seguía rindiendo culto a los logros de la antigüedad, pero al mismo tiempo se producía una reactivación intelectual y cultural. Por ejemplo, hacia 1427, Masaccio —uno de los grandes innovadores del periodo— realizó, en la capilla Brancacci de la iglesia de Santa Maria del Carmine, en Florencia, una notable serie de frescos que revelan su atenta observación del comportamiento humano, al tiempo que demuestran su conocimiento del arte antiguo. En la Expulsión del paraíso, su Adán y Eva están realmente avergonzados; la postura de Eva, intentando cubrirse el cuerpo con los brazos, está basada en una actitud característica de la escultura clásica, conocida como la Venus Púdica.

Las iglesias y edificios seglares de Italia y los museos de todo el mundo ofrecen una gran recopilación de la pintura renacentista italiana.

Pintura renacentista temprana

El desarrollo de los principios de la perspectiva lineal, llevado a cabo por varios arquitectos y escultores a principios del siglo XV, permitió a los pintores conseguir, por medio de la representación bidimensional, la ilusión del espacio tridimensional. Muchos de los artistas del primer renacimiento —como Paolo Uccello, Piero Della Francesca y Andrea Mantegna— se valieron del empleo dramático de la perspectiva y del escorzo en su dibujo para producir la ilusión de la prolongación de un objeto o figura en el espacio. La exploración de la anatomía condujo a un mayor entendimiento de la representación de la forma humana. También se empezaba a utilizar la pintura al óleo, desafiando a la antigua supremacía del temple y del fresco. Los pintores que explotaban el potencial de la nueva técnica trabajaban superponiendo estratos de veladuras de óleo transparentes y los lienzos sustituyeron a las antiguas tablas. Algo más tarde, otros artistas, sobre todo los que trabajaban en Venecia —especialmente Domenico Veneziano, Giovanni Bellini y Giorgione— destacaron por los tonos cálidos de sus óleos.

Pintura del alto renacimiento

Los maestros del alto renacimiento fueron Leonardo da Vinci, Rafael, Miguel Ángel y Tiziano. Paradójicamente, Leonardo sólo dejó un puñado de obras, pues dedicó la mayor parte de su tiempo a la observación científica de los fenómenos y a los inventos técnicos. Realizaba continuos experimentos con pigmentos oleosos sobre yeso seco, y a ello se debe el deterioro de los murales que han llegado hasta nuestros días —como es el caso de La última cena (1495-1497, Santa Maria delle Grazie, Milán)—. Rafael perfeccionó los anteriores descubrimientos renacentistas en materia de color y de composición, creando tipos ideales en sus representaciones de la Virgen y del Niño y en sus estudios de retratos de sus coetáneos. La Capilla Sixtina del Vaticano, en Roma, con sus frescos de la Creación y la Expulsión en la bóveda (1508-1512) y el gran mural del Juicio Final (1536-1541), dan fe del genio pictórico de Miguel ángel. Un estilo de pintura colorista alcanzó su clímax en Venecia con las obras de Tiziano, cuyos retratos denotan un profundo conocimiento de la naturaleza humana. Entre sus obras maestras se incluyen también representaciones de temas cristianos y mitológicos, así como numerosos desnudos femeninos, famosos en su género.

Manierismo

Hacia 1520, surgió en Italia un estilo sofisticado y artificioso, muy intelectual, conocido como manierismo. Se confería más importancia a la complejidad y a la distorsión que a la armonía de las líneas, al color o a la composición; en el manierismo, hasta las pinturas religiosas resultaban inquietantes para el espectador. Entre los pintores de este estilo destacan Pontormo, Rosso Fiorentino, Parmigianino, Tintoretto y Bronzino. El más conocido de los manieristas tardíos es El Greco, que aunque formado en Italia, se estableció en España. Su manera, intensamente emocional, de abordar sus temas, confería un fuerte sentido apocalíptico a sus obras, hasta a los paisajes, como por ejemplo su Vista de Toledo (c. 1600-1610, Metropolitan Museum of Art, Nueva York).

Pintura renacentista del norte de Europa

La influencia del renacimiento italiano alcanzó el norte de Europa a principios del siglo XV, pero esta renovación de la actividad artística y cultural no se basaba en la antiguuml;edad clásica, sino que estaba más bien marcada por un gran interés hacia los seres humanos y su entorno y a la meticulosa representación pictórica de los detalles naturales. Hablando en general, el interés por el arte antiguo y el conocimiento de la perspectiva lineal no se desarrollaron en el norte hasta el siglo XVI e, incluso entonces, no todos los artistas sacaban provecho de los descubrimientos hechos en Italia.

Uno de los pintores holandeses más importantes del siglo XV fue Jan van Eyck que, con la colaboración de su hermano Hubert, pintó el políptico del Retablo de Gante (terminado en 1432, Iglesia de San Bavón, Gante, Bélgica). En sus 24 paneles hay cientos de figuras, con una gran variedad de vegetación tan fielmente representada que se pueden identificar más de treinta especies de plantas. Entre los artistas flamencos de la época destacan Rogier van der Weyden, cuyas pinturas religiosas se centran en el drama emocional; Hans Memling, creador de figuras delicadas y llenas de gracia sobre fondos etéreos; y Hugo van der Goes, que, por encargo de la familia Portinari, pintó un soberbio retablo (c. 1476, Uffizi, Florencia) con gran riqueza de detalles. Todos estos artistas se caracterizaban por el uso de símbolos, o iconografía. El significado de los objetos no estaba en sí mismos sino que transmitían ideas abstractas; por ejemplo, una vasija de cristal simbolizaba pureza. En la Europa nórdica de entonces se entendía poco la perspectiva lineal; sin embargo, los logros de la pintura flamenca y holandesa en las técnicas del temple y del óleo no han sido superados.

El pintor francés más importante de la época fue Jean Fouquet, notable retratista y miniaturista, cuya obra denota la influencia tanto del anterior arte flamenco como de la pintura italiana contemporánea. La visita que realizó a Italia en la década de 1440 queda patente en la representación de una iglesia renacentista italiana en el fondo de uno de los cuerpos (c. 1450) de la obra devocional conocida como Díptico de Melun. Una de las tablas se encuentra en los Staatliche Museen de Berlín y la otra en los Musées Royaux des Beaux-Arts de Amberes, Bélgica.

A principios de la década de 1500 surgieron obras maestras de pintores más interesados en el valor expresivo de sus temas que en la perspectiva, la anatomía y las proporciones correctas. Buen ejemplo de ello es el tríptico del Jardín de las delicias (c. 1500, Museo del Prado, Madrid), del pintor holandés El Bosco; se trata de un conglomerado surrealista de formas humanas y animales, sensualmente sugestivas, y de extrañas plantas. Otro ejemplo de la exageración de la forma humana, característica del norte en el siglo XVI, es el Retablo de Isenheim (1512-c. 1515, Unterlinden Museum, Colmar, Francia), obra conmovedora del pintor alemán Matthias Grünewald. Por contraste, otro artista alemán Alberto Durero, el auténtico genio renacentista del norte, es conocido por su soberbia manera de representar la figura humana. Durero era un humanista cristiano, cuya curiosidad científica era comparable a la de Leonardo, y se inspiraba en el filósofo holandés Erasmo de Rotterdam y en Martin Lutero, como queda patente en el grabado El caballero, la muerte y el diablo (1513) y en los cuadros gemelos de los Cuatro apóstoles (c. 1526, Alte Pinakothek, Munich), obras en las que demuestra sus notables cualidades como dibujante. Otro conocido artista, alemán de nacimiento, fue Hans Holbein el Joven, recordado sobre todo por sus retratos, entre los que destacan el de Enrique VIII y el de Tomás Moro.

Entre los pintores holandeses del siglo XVI sobresale Pieter Brueghel el Viejo, con sus notables escenas de la vida campesina, muchas de las cuales son comentarios satíricos sobre la locura humana. Las atractivas obras de Brueghel sobre mitos, parábolas y proverbios eran tan apreciadas en el siglo XVI como lo siguen siendo en la actualidad.

Pintura barroca

El arte barroco del siglo XVII se caracteriza por su aspecto dinámico, en contraste con el estilo clásico, relativamente estático, del renacimiento. Esta tendencia se distingue por las líneas compositivas diagonales, que proporcionan el sentido del movimiento, y por el empleo de un marcado claroscuro. Con ambas técnicas se consiguió un estilo dramático, grandioso, apropiado al espíritu fundamental de la contrarreforma. Muchos pintores de principios del siglo XVII empezaron también a desviarse de la artificialidad del manierismo en un intento por volver a un reflejo más exacto del mundo natural.

Pintura rococó

El arte rococó, que floreció en Francia y en Alemania a principios del siglo XVIII, era en muchos aspectos una continuación del barroco, sobre todo en lo concerniente al uso de la luz y de la sombra y al movimiento compositivo.

Sin embargo, el rococó es un estilo más ligero y festivo, muy adecuado para la decoración de las residencias parisinas. Entre los pintores rococó destaca Jean Antoine Watteau, conocido por sus pinturas etéreas de enamorados elegantemente vestidos, solazándose en las fetes galantes (reuniones al aire libre, que estaban de moda); estas fantasías bucólicas fueron muy emuladas por otros artistas franceses.

También eran muy populares las escenas mitológicas y pastorales, en las que aparecían mujeres desenfadadas y distinguidas, realizadas por Francois Boucher y Jean-Honoré Fragonard.

Por su parte, J. B. S. Chardin, también destacado como pintor de bodegones, confería a las mujeres el papel de madre y de ama de casa en sus escenas de género. Como ejemplo del estilo rococó en Alemania está la obra del pintor italiano Giovanni Battista Tiepolo, que pasó algún tiempo en Wurzburgo; los techos de la sala de la escalera y del salón de recepciones del palacio episcopal de Wurzburgo están decorados con sus frescos de gran ilusionismo.

Como parangón a la tradición rococó del continente, se encuentran las obras de tres destacados artistas ingleses del siglo XVIII. William Hogarth era conocido por sus cuadros y grabados de tono moralizante, en los que satirizaba los disparates sociales de su época, como en su famosa serie (primero pintada y después grabada) Mariage agrave; la mode (1745), en la que relata la ruinosa trayectoria de los matrimonios de conveniencia.

Thomas Gainsborough y Sir Joshua Reynolds, siguiendo la tradición establecida por van Dyck, se centraron en retratar a la aristocracia inglesa. El vigor y la gracia de estos retratos, y su penetrante interpretación psicológica, los elevan del simple retrato social a un incomparable registro de las modas y costumbres de las clases adineradas de la época.

Pintura neoclásica

En la segunda mitad del siglo XVIII la pintura experimentó una revolución, cuando el casto neoclasicismo vino a sustituir al exuberante estilo rococó. Este resurgimiento clásico en las artes se debió a diferentes acontecimientos. En primer lugar, a mediados del siglo XVIII, se iniciaron muchas excavaciones arqueológicas en Italia y en Grecia y se publicaron libros con dibujos de antiguas construcciones que los arquitectos ingleses y franceses copiaron con avidez. En segundo lugar, en 1755, el historiador del arte alemán Johann Joachim Winckelmann publicó su ensayo Pensamientos sobre la imitación de las obras griegas en la pintura y la escultura, ensalzando la escultura griega. Esta obra, que ejerció gran influencia sobre los artistas, impresionó sobre todo a cuatro pintores extranjeros residentes en Roma: el escocés Gavin Hamilton, el alemán Anton Raphael Mengs, la suiza Angelika Kauffmann y el estadounidense Benjamin West, que se inspiraron en ella para crear cuadros basados en la literatura clásica.

Fue, sin embargo, el pintor francés Jacques-Louis David el principal defensor del neoclasicismo. También él estaba imbuido de las influencias clásicas recibidas durante su estancia en Roma, y con anterioridad, de las obras del clasicista francés del siglo XVII, Poussin. El sobrio estilo de David armonizaba con los ideales de la Revolución Francesa. Obras como El juramento de los Horacios (1784-1785, Louvre) inspiraban patriotismo; otras, como la Muerte de Sócrates (1787, Metropolitan Museum), predicaban el estoicismo y la abnegación. David no sólo utilizaba la historia antigua y el mito clásico como fuentes para sus temas, sino que basaba la forma de sus figuras en la escultura antigua. Su gran sucesor fue Jean Auguste Dominique Ingres, a quien se llegó a identificar con la tradición académica en Francia por la fría serenidad de sus líneas y tonos, y por su esmerado interés por el detalle, como en su sorprendente retrato de La condesa de Haussonville (1845, colección Frick, Nueva York). Sin embargo, ya se encuentran elementos de la tendencia romántica, que pronto sucedería al neoclasicismo, en el interés que Ingres mostraba por los temas no-europeos, como lo demuestran sus diferentes cuadros de odaliscas.

David ejerció su influencia sobre muchos otros pintores, entre los que se encontraban varias mujeres que destacaban como seguidoras suyas. Era el caso de Adélaiuml;de Labille-Guiard, Marie Guillemine Benoist y Constance Marie Charpentier, algunas de cuyas obras han sido erróneamente atribuidas a David en el pasado; las investigaciones recientes han tratado de identificar sus contribuciones individuales. Véase Neoclasicismo.

Pintura romántica

Sucediendo muy de cerca al neoclasicismo, el movimiento romántico introdujo el gusto por lo medieval y lo misterioso, así como el amor por lo pintoresco y lo sublime de la naturaleza. Se dio rienda suelta a la imaginación individual y a la expresión de la emoción y del estado de ánimo, desbancando al enfoque intelectual razonado de los neoclasicistas. En general, los pintores románticos preferían las técnicas coloristas y pictoricistas al estilo neoclásico, lineal y frío.

Francisco de Goya

Aunque el romanticismo fue el movimiento dominante durante buena parte del siglo XIX, existían otras tendencias artísticas del todo diferentes, y muchos pintores no abrazaron ninguna escuela claramente definida. Por ejemplo, no se puede relacionar a Francisco de Goya con ningún movimiento artístico concreto. Sus obras tempranas son de un estilo rococó modificado y sus últimos trabajos (entre los que se cuentan las Pinturas negras (Museo del Prado) realizadas en su casa de la Quinta del Sordo) son expresionistas y alucinatorias. En algunos retratos de la familia real —por ejemplo La familia de Carlos IV (1800, Museo del Prado, Madrid)— emuló la fórmula de su compatriota Velázquez (en Las Meninas) incluyéndose ante el caballete. Pero, al revés que la obra de Velázquez, los retratos de Goya no son nunca objetivos; su perspicacia psicológica revela la insulsez de sus modelos y su brillante pincelada recoge sin rodeos sus defectos físicos.

Realismo

Hacia mediados del siglo XIX, el pintor francés Gustave Courbet rechazaba tanto el neoclasicismo como el romanticismo y proclamaba un movimiento individual llamado realismo. No le interesaba la pintura histórica, ni los retratos de los gobernantes, ni los temas exóticos, pues creía que el artista debía ser realista y pintar los acontecimientos cotidianos de la gente común. El entorno elegido para muchos de sus lienzos fue Ornan, su villa natal en el levante francés; allí retrató a obreros construyendo una carretera, a ciudadanos asistiendo a un funeral, o a hombres sentados alrededor de la mesa escuchando música y fumando. Aunque no existía ningún movimiento artístico realista formal, la obra de algunos pintores del siglo XIX presenta tendencias que pudieran ser identificadas como tales. Honoré Daumier, más conocido por sus litografías, pintó pequeños lienzos realistas sobre la vida en las calles de París y en algunos casos se tacha de social-realista a Jean-Franccedil;ois Millet, de la Escuela de Barbizon.

Desarrollo del impresionismo

Al volver sus ojos hacia los temas cotidianos, los artistas de mediados del siglo XIX cuya obra es adscribible al realismo sentaron un precedente para la siguiente generación de la vanguardia francesa. édouard Manet fue el principal innovador de la década de 1860 y su estilo fue precursor del impresionismo. Al igual que Courbet, Manet encontró muchos de sus temas en la vida que le rodeaba (los parisinos solazándose en restaurantes, en parques, o paseando en barco), aunque también tomó muchos de maestros anteriores —Velázquez y Goya— recreándolos de acuerdo con la vida contemporánea, a su propio estilo, aplanando las figuras y neutralizando las expresiones emocionales. Estas y otras innovaciones, como su pincelada libre e imprecisa y sus amplios parches de color yuxtapuestos sin transición, hacen que se considere a Manet el primer pintor moderno.

Movimientos post-impresionistas

En la década de 1880, y durante un breve periodo, Pissarro se desvió hacia una nueva técnica, una ramificación del impresionismo desarrollada por Georges Seurat y conocida como divisionismo o puntillismo. Seurat y sus seguidores neoimpresionistas transformaron la pincelada suelta, típica del impresionismo, en puntitos de pigmento puro, yuxtaponiendo sobre el lienzo zonas diminutas de colores complementarios. Las teorías de Seurat procedían de sus lecturas de los textos estéticos y científicos del siglo XIX sobre el color. Esta técnica se aprecia perfectamente en una de sus obras más espectaculares, Domingo de verano en la isla de la Grande Jatte (1884-1886, Art Institute of Chicago).

Las obras tempranas de tres importantes artistas de finales del siglo XIX, Vincent van Gogh, Paul Gauguin y Henri Toulouse-Lautrec, denotaban la influencia del impresionismo, pero acabaron por desarrollar estilos postimpresionistas claramente definidos. Tanto van Gogh como Pissarro hicieron breves experimentos con la división del color. Sin embargo, en el estilo desarrollado por van Gogh era típico el empleo del color puro, aplicado muy denso en pinceladas vacilantes que dotaban a la obra de intensa expresión emocional. Muchos de sus lienzos, en especial los de cipreses azotados por el viento y los de campos de trigo bajo cielos tormentosos, expresan su propio estado de ánimo, tal como lo reflejan las fuerzas de la naturaleza. El estilo de van Gogh ejerció gran influencia sobre los pintores del norte de Europa que, a principios del siglo XX, desarrollaron el expresionismo.

La obra de su colega Gauguin refleja también distorsiones de línea y de color pero difiere de la suya en que es más simbólica que expresionista. Las zonas de colores mates fuertes forman motivos decorativos, con los contornos muy marcados. Gauguin fue la figura central de un nuevo movimiento conocido como sintetismo o simbolismo, activo durante la década de 1890, cuyos inmediatos seguidores formaban el grupo de los Nabis.

Otro camino tomó Toulouse-Lautrec, pintor de personas, que elegía a sus modelos entre las cantantes y bailarinas de cabaret y las prostitutas; estas figuras eran la expresión de la decadencia social del París de los llamados "Alegres Noventa". Como muchos otros artistas —Manet, Degas o la estadounidense Mary Cassatt— estaba influido por el estilo plano y la composición en apariencia descuidada de los grabados japoneses. Toulouse-Lautrec tenía un gran sentido de la línea, apreciable en sus dibujos y litografías de color, medio éste al que aportó mucho de su trabajo, sobre todo con sus carteles para el Moulin Rouge y otros lugares de esparcimiento parisinos.

Pintura del siglo XX anterior a la II Guerra Mundial

El arte del siglo XX se caracteriza por numerosos movimientos y estilos. Entre los que tuvieron su origen en Europa antes de la II Guerra Mundial se encuentran el fauvismo, el expresionismo, el cubismo, el futurismo, el constructivismo, el neo-plasticismo, el dadá y el surrealismo; en Estados Unidos se desarrollaron el sincronismo y el precisionismo. Véase Arte y arquitectura contemporáneas.

Fauvismo

A principios de siglo, los artistas, tanto franceses como alemanes, mostraron su interés por el arte de las sociedades no-occidentales. Después de investigar las llamadas tradiciones artísticas primitivas en Bretaña, Gauguin trasladó su búsqueda a los mares del sur. Su modelo de color decorativo y sus teorías influyeron sobre un grupo posterior de pintores, conocidos como los "fauves" (fieras), a la cabeza de los cuales estaba Henri Matisse. Otros "fauves" conocidos fueron André Derain, Georges Braque y Maurice de Vlaminck, que presumían de ser los primeros artistas europeos en descubrir la escultura africana.

Expresionismo

La obra de los artistas más preocupados por plasmar sentimientos y respuestas subjetivos, por medio de la distorsión de la línea y del color, que por representar fielmente la realidad externa, se fundió en un movimiento conocido como expresionismo.

En Alemania, el movimiento abarcaba dos grupos. Los artistas jóvenes, activos entre 1905 y 1913, que componían el grupo Die Bruuml;cke estaban, como los fauves, inspirados en el arte africano, cuya fuerza y energía trasladaban a su propia obra. El grupo estaba formado por Ernst Ludwig Kirchner, Karl Schmidt-Rottluff, Erich Heckel y Emil Nolde, entre otros. Representaban los sufrimientos de la humanidad con un estilo parecido, en cierto modo, al fauvismo, pero con el ingrediente añadido de la angustia. La obra temprana del noruego Edvard Munch, de gran carga emocional, era bien conocida en Alemania y produjo honda impresión en los artistas de Die Bruuml;cke.

Algo más tarde, en 1911, Franz Marc y el artista nacido en Rusia Wassily Kandinsky encabezaron la otra fase del expresionismo alemán, por medio del grupo Der Blaue Reiter, en Munich; se inspiraban en el llamado arte primitivo, en el fauvismo, y en el arte popular, y la modalidad expresionista que practicaban evolucionó hacia una forma de pintar semi-abstracta.

Los principales componentes del Blaue Reiter eran August Macke, Gabriele Muuml;nter, Paul Klee y Alexey von Jawlensky. En esos años, el uruguayo Pedro Figari produce su obra neo impresionista en su país, en Buenos Aires y París.

Cubismo

Entre 1907 y 1914, Pablo Picasso y Georges Braque desarrollaron el cubismo en París, inspirándose en la forma, cada vez más geométrica, que tenía Cézanne de representar los paisajes y las naturalezas muertas, y en las formas dinámicas de la escultura africana e ibérica.

El cubismo llegó a ser el estilo artístico que más influencia ejerció entodo el siglo XX; se basa en poner de relieve la bidimensionalidad del plano pictórico, rechazando los valores tradicionales de perspectiva, escorzo, modelado y claroscuro. La pintura cubista atravesó diferentes fases, entre las manos de Picasso y Braque inicialmente, y más tarde las de Fernand Léger, Robert Delaunay, Sonia Delaunay y Juan Gris, para ser modificado posteriormente por un grupo de artistas italianos entre los que se encontraban Gino Severini, Umberto Boccioni, Carlo Carragrave; y Giacomo Balla.

El cubismo en América Latina tiene, entre otros representantes, al cubano Wifredo Lam y al mexicano Diego Rivera en su obra de caballete. Su intención de expresar en el arte el avance dinámico del siglo XX se conoce como futurismo. En los años 1930 se da a conocer el uruguayo Joaquín García Torres, precursor del arte constructivo.

Pintura abstracta

El arte abstracto, que abarca varios estilos bien definidos, empezó a desarrollarse en Alemania, Estados Unidos, Rusia y los Países Bajos durante la segunda década del siglo XX.

El cubismo fue crucial para su evolución, sobre todo en Rusia, donde los artistas, que conocían las tendencias francesas, bien a través de sus viajes a París, o viendo el arte de vanguardia en las colecciones moscovitas, empezaron a crear cuadros de construcción geométrica. Kazimir Maliévich llamó suprematismo a su manera de abordar la abstracción, mientras que a otros artistas rusos —como Alexander Rodchenko y El Lissitzky— se les conoció como constructivistas.

Después de su contacto con el cubismo, Piet Mondrian desarrolló una forma de abstracción llamada neo-plasticismo. Sus pinturas de cuadrículas, poniendo de relieve la bidimensionalidad del plano pictórico, y sus teorías estéticas fueron la base del desarrollo de la abstracción geométrica en Estados Unidos en la década de 1930. En esta última tendencia destaca en América Latina el italo-brasileño Alfredo Volpi, cuyo trabajo desemboca en una geometría sensible, con trazos menos exactos y más imaginativos.

Dadá

Durante la I Guerra Mundial un grupo de intelectuales suizos, unidos por su repugnancia hacia los valores burgueses, y sobre todo hacia el militarismo de los años de guerra, eligió el vocablo "dadá", sin significado alguno, para describir sus actividades de protesta y repulsa y el arte con el que desafiaban los criterios estéticos establecidos.

El más conocido de los dadaístas era el pintor francés Marcel Duchamp, que expresó su desaprobación por el "arte agradable y atractivo" añadiendo bigote y barba a una reproducción de la Mona Lisa de Leonardo da Vinci. La iconoclastia de Duchamp encontró también expresión en lo que llamaba readymades, los objetos cotidianos que él presentaba como obras de arte. Otros dadaístas famosos fueron Francis Picabia, George Grosz y Max Ernst.

Surrealismo

"Bañista", Salvador Dalí

Los dadaístas aprovechaban el accidente y la oportunidad para crear obras, métodos que fueron adoptados por sus sucesores, los surrealistas.

En 1924 André Breton presentó un manifiesto dando el nombre de surrealismo al movimiento que proclamaba la superioridad del inconsciente y el papel de los sueños en la creación artística.

Los surrealistas más importantes fueron Ernst, Salvador Dalí, Joan Miró, René Magritte, Jean Arp y André Masson. En América Latina destaca el chileno Roberto Matta, que combina el surrealismo con la abstracción.

Por otra parte, se podría incluir a la mexicana Frida Kahlo dentro de una corriente surrealista influida por el arte popular.

A partir de la II Guerra Mundial, los artistas de todo el mundo han desempeñado un importantísimo papel en la creación de nuevos estilos o en el desarrollo de los ya existentes. Entre ellos se encuentran el expresionismo abstracto, el Op Art y el Pop Art, el fotorrealismo y el minimalismo.

Expresionismo abstracto

La presencia en Estados Unidos de muchos surrealistas europeos refugiados, fue sin duda el catalizador en la creación del expresionismo abstracto, movimiento centrado en Nueva York entre las décadas de 1940 y 1950. Su investigación del inconsciente y de las técnicas que hacían uso de la casualidad intrigó a Jackson Pollock, Willem de Kooning, Hans Hofmann, y muchos otros.

Estos artistas, partidarios del automatismo surrealista (una técnica similar a la escritura automática) y del expresionismo, eran conocidos como action painters. En manos de Pollock, por ejemplo, la técnica pictórica implicaba gotear colores sobre lienzos de gran formato para crear al azar motivos enérgicos.

Otros expresionistas abstractos, como Mark Rothko y Barnett Newman, desarrollaron la colour-field painting, aplicando sobre el lienzo grandes extensiones de color sutilmente modulado. En Argentina destaca Ronaldo de Juan, que más tarde optó por grandes cuadros de tonos grises.

Op Art y Pop Art

En la década de 1960 se iniciaron nuevos estilos y movimientos. Algunos pintores siguieron en la senda de la abstracción, como denota el Op Art de Victor Vasarely.

Si bien el Op Art se basa en producir ilusiones ópticas generalmente abstractas, el Pop Art es figurativo, como se aprecia en las divertidas obras de su creador, el artista inglés Richard Hamilton.

Los artistas Pop tomaban sus imágenes de los anuncios, de las películas, de las tiras cómicas y de los objetos cotidianos. Entre los más destacados artistas pop americanos se encuentran Robert Rauschenberg, Jasper Johns, Jim Dine, Roy Lichtenstein, Tom Wesselmann, James Rosenquist y Andy Warhol.

Nuevo Realismo

Las irónicas imágenes del Pop Art ayudaron a despejar el camino para un renacimiento de la pintura realista. El realismo es un estilo continuo, pero muy individualista, en el arte de América, y abarca a pintores tan dispares como Thomas Eakins, Sloan, Hopper, Andrew Wyeth y Fairfield Porter.

Los realistas que se destacaron en las décadas de 1970 y 1980 fueron aquellos que habían asumido algunos de los conceptos estéticos del arte abstracto. El fotorrealismo se basaba en la fotografía para conseguir una variedad de pintura realista impersonal, con detalles precisos, como en los meticulosos paisajes urbanos de Richard Estes.

Los desnudos rigurosamente estructurados de Philip Pearlstein y las composiciones planas de Alex Katz y Wayne Thiebaud conferían también al realismo un tono frío y abstracto. Mientras tanto, en América Latina empezaban a brillar figuras como el ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, que acude a las aristas pronunciadas y a la deformación para expresar a menudo un contenido político.

Nuevas tendencias abstractas

Obra de Larry Poons

Después de la intensa subjetividad del expresionismo abstracto, la pintura abstracta se inclinó hacia una pureza formal más rigurosa e impersonal.

La culminación de esta tendencia fue el minimalismo, en el cual la pintura se reducía a simples formas geométricas, motivos rítmicos o colores lisos. A la cabeza de los minimalistas estaban Kenneth Noland, Larry Poons, Robert Ryman y Brice Marden. La Hard-edge abstraction fue un movimiento relacionado con el anterior, que evolucionó hacia composiciones abstractas más complejas y dinámicas en las obras de Frank Stella y Al Held.

Bajo la influencia de la máxima de Duchamp, según la cual la pintura debía estar "al servicio de la mente", el arte conceptual solía consistir en una sola palabra o en una afirmación teórica. En esta época destaca el uruguayo Nelson Ramos.

La pintura europea de la posguerra

Entre los pintores que destacaron después de la II Guerra Mundial se encontraba Jean Dubuffet y Karel Appel. En Inglaterra las agónicas figuras de Francis Bacon y los cuadros urbanos, llenos de lirismo, de David Hockney dan fe de la vitalidad de la pintura figurativa inglesa. En América Latina, el dibujante, pintor, moralista y escultor colombiano Fernando Botero empieza e exponer desde principios de la década de 1950. La factura ingeniosa de sus personajes obesos deja ver la influencia de los pintores italianos del quattrocento.

Neo-expresionismo

En la década de 1980 varios artistas jóvenes, europeos y americanos, se rebelaron contra la pureza formalista, impersonal y austera, de gran parte del arte abstracto. El resultado fue un resurgimiento de la pintura figurativa y narrativa llamado neo-expresionismo. Muchos de los seguidores de este movimiento evitaron la representación realista, empleando en su lugar pinceladas toscas y colores fuertes para plasmar sus visiones subjetivas, por lo general ambiguas y enigmáticas.

Fuente:

Enciclopedia Encarta

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