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Revolución Francesa

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Materiales y recursos para estudiar la Revolución Francesa.

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La Revolución Francesa (Fuente: ITE)

La Revolución Francesa. 1º BacuilleratoDocumento sin título

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UNA PÁGINA WEB PARA 1º BACHILLERATO

HISTORIA DEL MUNDO CONTEMPORÁNEO

 

Diseñada por Francisco Díez Belinchón a partir de una idea de Juan Carlos Hens Muñoz

 

 

   
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HISTORIA DEL MUNDO CONTEMPORÁNEO

 

Diseñada por Francisco Díez Belinchón a partir de una idea de Juan Carlos Hens Muñoz

 

 

   

Revolución Francesa. Los Estados Generales

Los Estados Generales (1789)

Se reunieron en Versalles el 5 de mayo de 1789 con el propósito de solventar el problema financiero. En la práctica sirvieron de plataforma para que el Estado Llano pidiese reformas políticas radicales, canalizando dichas demandas mediante los llamados “Cuadernos de Quejas”.

El Estado Llano, que contaba con un número de componentes que igualaba al de los otros dos juntos, planteó que las votaciones se hiciesen individualmente, es decir, cada diputado un voto y no por estamentos, a lo que tanto la nobleza como el clero se negaron.
Ante tal rechazo, los representantes del Tercer Estado optaron por reunirse separadamente, lo que realizaron en forma de Asamblea Nacional en un frontón (juego de pelota) ante la imposibilidad de hacerlo en la Cámara que había sido cerrada por orden real.
Representación del  "Juramento de la Pelota. Por Jacques-Louis David
Juramento de la Pelota

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Los Estados Generales (1789)

Se reunieron en Versalles el 5 de mayo de 1789 con el propósito de solventar el problema financiero. En la práctica sirvieron de plataforma para que el Estado Llano pidiese reformas políticas radicales, canalizando dichas demandas mediante los llamados “Cuadernos de Quejas”.

El Estado Llano, que contaba con un número de componentes que igualaba al de los otros dos juntos, planteó que las votaciones se hiciesen individualmente, es decir, cada diputado un voto y no por estamentos, a lo que tanto la nobleza como el clero se negaron.
Ante tal rechazo, los representantes del Tercer Estado optaron por reunirse separadamente, lo que realizaron en forma de Asamblea Nacional en un frontón (juego de pelota) ante la imposibilidad de hacerlo en la Cámara que había sido cerrada por orden real.
Representación del  "Juramento de la Pelota. Por Jacques-Louis David
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ARTEHISTORIA - Protagonistas de la Historia - Ficha Revolución Francesa

La historiografa francesa ha consagrado el hecho revolucionario de 1789 como el gozne que marca el giro del proceso histrico que hizo entrar al mundo -no solamente a Francia- en una nueva etapa que ella misma bautiz con el nombre de "contemporaine". Pero si es cierto que aquel fenmeno revolucionario fue de trascendental importancia, tambin hay que tener en cuenta que alrededor de esa fecha se produjeron otros acontecimientos que vinieron a reforzar la idea de cambio. En el mes de abril de aquel mismo ao de 1789, George Washington fue nombrado primer presidente de los Estados Unidos de Amrica, y en aquel verano se instal la primera mquina de vapor para la industria del algodn en Manchester. Fueron tres acontecimientos que, aunque muy diferentes en importancia, simbolizan el comienzo de una nueva edad. El conflicto entre el orden viejo y la nueva realidad en Francia, el nacimiento de una nacin en Amrica y el comienzo del predominio de la mquina para la produccin industrial.Con todo, la fecha de 1789 prevaleci slo en los pases latinos, y entre ellos, naturalmente, Espaa, fuertemente influida por la historiografa francesa. En los pases anglosajones, cuando se habla de Historia Contempornea, se hace referencia ms bien a ese periodo del pasado reciente que se inicia con el siglo XX (Barraclough), o incluso, ms adelante, con el estallido de la Primera Guerra Mundial (Thompson). Todo lo anterior es para ellos Historia Moderna o Modern History. Se utiliza, por tanto, un criterio distinto y se retrotrae su comienzo a una fecha ms reciente.Sin embargo, aun respetando todos los criterios que, de acuerdo con los argumentos de convencionalidad empleados ms arriba, pueden ser perfectamente vlidos, hay razones para justificar que alrededor de los ltimos aos del siglo XVIII y primeros del XIX, se inicia una nueva etapa histrica. Todos los movimientos revolucionarios o independentistas que se produjeron durante estas fechas estn marcados por una nueva ideologa, por unas notas diferenciales que los distinguen de los fenmenos histricos que se produjeron en la Edad Moderna. Hay quien estima que estas notas estaban tambin implcitas en la etapa histrica anterior, pero ello no contradice la realidad incontestable del cambio. Es natural la relacin entre las distintas pocas histricas. Se ha negado ya la existencia de cortes bruscos en el proceso histrico. Los cambios, aun siendo revolucionarios, no significan la ruptura total con lo anterior, ni la aparicin de realidades totalmente nuevas. Por eso suele suceder que los contemporneos no tengan conciencia de los fenmenos transformadores. Sin embargo, la observacin del historiador, con la ayuda que representa la perspectiva del tiempo, puede fcilmente apreciar el contenido diverso de los distintos periodos en los que se suele dividir la Historia.En efecto, por su contenido, la Historia Contempornea resulta de ms fcil aceptacin como unidad monogrfica. Comprende el desarrollo histrico del Nuevo Rgimen salido de la crisis de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, que se contrapone al Antiguo Rgimen, anterior a la Revolucin. El concepto de Nuevo Rgimen fue fijado por los historiadores de la cultura a principios de siglo y constituye una realidad histrica coherente, cuyos supuestos polticos, sociales, econmicos e institucionales se han mantenido, cuando menos, hasta la Segunda Guerra Mundial.Aunque el historiador francs Pierre Goubert puso de manifiesto las dificultades existentes para conseguir una definicin precisa de lo que se entiende por Antiguo Rgimen, aceptaba en lneas generales el criterio propuesto por Tocqueville de considerarlo como "una forma de sociedad" y aada que "el Antiguo Rgimen es una sociedad de una pieza, con sus poderes, sus tradiciones, sus usos, sus costumbres, y en consecuencia, sus mentalidades tanto como sus instituciones. Sus estructuras profundas, estrechamente ligadas, son sociales, jurdicas y mentales". Pues bien, estas estructuras murieron, en algunos lugares mediante una lenta agona, y en otros, con la rapidez que le proporcionaba la violencia revolucionaria, dando paso a un rgimen nuevo que iba consolidando unas nuevas estructuras a medida que se adentraba en el siglo XIX. Jos Luis Comellas ha sealado lcidamente, en unos cuanto trazos, la personalidad de esta nueva poca: "la inquietud, la bsqueda, la carencia de lo absoluto, la variabilidad de las formas y de las valoraciones, la incertidumbre, la fuera de lo existencial, el ansia de progreso, son rasgos reconocibles a lo largo de toda la Edad Contempornea, lo mismo en la poca de las revoluciones, que bajo el romanticismo, el positivismo o el estruendo de las grandes guerras mundiales. Tambin en lo estructural o institucional, encontramos como rasgos comunes la inflacin del concepto de libertad, los regmenes liberales y democrticos, el constitucionalismo, el parlamentarismo, los partidos polticos -larvados o expresos-, el clasismo social, el capitalismo econmico y -larvadas o expresas tambin- la proliferacin del proletariado, la lucha de clases y las consiguientes teoras o sistemas de corte socialista".Sin embargo, aunque ninguno de estos rasgos sealados haya perdido del todo su carcter de contemporaneidad, hoy se tiende a admitir un orden de realidades de creacin ms reciente, como elemento definidor de nuestro tiempo. Es ms, el hecho de que los historiadores anglosajones y germanos retrasen el inicio de la Edad Contempornea hasta situarlo en un jaln, cuando menos un siglo ms cercano a nuestro presente, constituye la mejor evidencia de que en el trnsito del siglo XIX al XX se produce otro cambio importante en el proceso histrico. El historiador ingls Geoffrey Barraclough, en su Introduccin a la Historia Contempornea (Madrid, 1965), se muestra defensor de la postura de considerar que la Historia Contempornea comienza cuando los problemas reales del mundo de hoy se plantean por primera vez de una manera clara. Sin atreverse a sealar una fecha concreta, Barraclough sugiere que el cambio se produce en los aos inmediatamente prximos a 1890. Es entonces cuando se produce el impacto de la "segunda revolucin industrial", mucho ms generalizado que el de la primera. El comienzo de la utilizacin del telfono, la electricidad, los transportes, las primeras fibras sintticas, etc., seran buena prueba de ello. La intervencin de la masa en la poltica a partir de los ltimos decenios del siglo XIX, constituye otro importante rasgo diferenciador que permite a este historiador en esos aos un cambio de rumbo en la historia. Y por ltimo, para sealar solamente las notas ms significativas, el cambio operado en las estructuras de las relaciones internacionales, en el sentido de que Europa, que hasta entonces haba ocupado una posicin central en el concierto de la poltica mundial, se vio desbordada por las fuerzas externas a ella. Es la etapa que seala The end of European History, como pomposamente titul Barraclough una conferencia pronunciada en 1955 en la Universidad de Liverpool.Sin necesidad de aceptar este criterio que establece el inicio de la Edad Contempornea en los ltimos aos del siglo pasado, no podemos negar la evidencia de las transformaciones que se producen en ese momento. Esa evidencia nos permite, cuando menos, justificar los lmites de este volumen, no ya en cuanto a su extensin cronolgica, sino tambin en lo que se refiere a su contenido histrico. As pues, hay un siglo XIX histrico, el cual aunque no coincide exactamente con el siglo XIX cronolgico, presenta unos rasgos muy homogneos y unos lmites razonablemente claros que lo distinguen del siglo de las Luces por su comienzo y del actual por su terminacin.Al siglo XIX se le ha denominado el siglo de las revoluciones liberales y burguesas, y, en efecto, se abre con ese fenmeno de capital importancia para la historia universal como es la Revolucin Francesa, cuyas secuelas se dejan sentir en muchos pases del mundo a lo largo de toda la centuria y que en definitiva terminan por consolidar una serie de cambios profundos en la organizacin de la sociedad, en los sistemas polticos y en la propia dinmica de la economa.
Toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789
La historiografa francesa ha consagrado el hecho revolucionario de 1789 como el gozne que marca el giro del proceso histrico que hizo entrar al mundo -no solamente a Francia- en una nueva etapa que ella misma bautiz con el nombre de "contemporaine". Pero si es cierto que aquel fenmeno revolucionario fue de trascendental importancia, tambin hay que tener en cuenta que alrededor de esa fecha se produjeron otros acontecimientos que vinieron a reforzar la idea de cambio. En el mes de abril de aquel mismo ao de 1789, George Washington fue nombrado primer presidente de los Estados Unidos de Amrica, y en aquel verano se instal la primera mquina de vapor para la industria del algodn en Manchester. Fueron tres acontecimientos que, aunque muy diferentes en importancia, simbolizan el comienzo de una nueva edad. El conflicto entre el orden viejo y la nueva realidad en Francia, el nacimiento de una nacin en Amrica y el comienzo del predominio de la mquina para la produccin industrial.Con todo, la fecha de 1789 prevaleci slo en los pases latinos, y entre ellos, naturalmente, Espaa, fuertemente influida por la historiografa francesa. En los pases anglosajones, cuando se habla de Historia Contempornea, se hace referencia ms bien a ese periodo del pasado reciente que se inicia con el siglo XX (Barraclough), o incluso, ms adelante, con el estallido de la Primera Guerra Mundial (Thompson). Todo lo anterior es para ellos Historia Moderna o Modern History. Se utiliza, por tanto, un criterio distinto y se retrotrae su comienzo a una fecha ms reciente.Sin embargo, aun respetando todos los criterios que, de acuerdo con los argumentos de convencionalidad empleados ms arriba, pueden ser perfectamente vlidos, hay razones para justificar que alrededor de los ltimos aos del siglo XVIII y primeros del XIX, se inicia una nueva etapa histrica. Todos los movimientos revolucionarios o independentistas que se produjeron durante estas fechas estn marcados por una nueva ideologa, por unas notas diferenciales que los distinguen de los fenmenos histricos que se produjeron en la Edad Moderna. Hay quien estima que estas notas estaban tambin implcitas en la etapa histrica anterior, pero ello no contradice la realidad incontestable del cambio. Es natural la relacin entre las distintas pocas histricas. Se ha negado ya la existencia de cortes bruscos en el proceso histrico. Los cambios, aun siendo revolucionarios, no significan la ruptura total con lo anterior, ni la aparicin de realidades totalmente nuevas. Por eso suele suceder que los contemporneos no tengan conciencia de los fenmenos transformadores. Sin embargo, la observacin del historiador, con la ayuda que representa la perspectiva del tiempo, puede fcilmente apreciar el contenido diverso de los distintos periodos en los que se suele dividir la Historia.En efecto, por su contenido, la Historia Contempornea resulta de ms fcil aceptacin como unidad monogrfica. Comprende el desarrollo histrico del Nuevo Rgimen salido de la crisis de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, que se contrapone al Antiguo Rgimen, anterior a la Revolucin. El concepto de Nuevo Rgimen fue fijado por los historiadores de la cultura a principios de siglo y constituye una realidad histrica coherente, cuyos supuestos polticos, sociales, econmicos e institucionales se han mantenido, cuando menos, hasta la Segunda Guerra Mundial.Aunque el historiador francs Pierre Goubert puso de manifiesto las dificultades existentes para conseguir una definicin precisa de lo que se entiende por Antiguo Rgimen, aceptaba en lneas generales el criterio propuesto por Tocqueville de considerarlo como "una forma de sociedad" y aada que "el Antiguo Rgimen es una sociedad de una pieza, con sus poderes, sus tradiciones, sus usos, sus costumbres, y en consecuencia, sus mentalidades tanto como sus instituciones. Sus estructuras profundas, estrechamente ligadas, son sociales, jurdicas y mentales". Pues bien, estas estructuras murieron, en algunos lugares mediante una lenta agona, y en otros, con la rapidez que le proporcionaba la violencia revolucionaria, dando paso a un rgimen nuevo que iba consolidando unas nuevas estructuras a medida que se adentraba en el siglo XIX. Jos Luis Comellas ha sealado lcidamente, en unos cuanto trazos, la personalidad de esta nueva poca: "la inquietud, la bsqueda, la carencia de lo absoluto, la variabilidad de las formas y de las valoraciones, la incertidumbre, la fuera de lo existencial, el ansia de progreso, son rasgos reconocibles a lo largo de toda la Edad Contempornea, lo mismo en la poca de las revoluciones, que bajo el romanticismo, el positivismo o el estruendo de las grandes guerras mundiales. Tambin en lo estructural o institucional, encontramos como rasgos comunes la inflacin del concepto de libertad, los regmenes liberales y democrticos, el constitucionalismo, el parlamentarismo, los partidos polticos -larvados o expresos-, el clasismo social, el capitalismo econmico y -larvadas o expresas tambin- la proliferacin del proletariado, la lucha de clases y las consiguientes teoras o sistemas de corte socialista".Sin embargo, aunque ninguno de estos rasgos sealados haya perdido del todo su carcter de contemporaneidad, hoy se tiende a admitir un orden de realidades de creacin ms reciente, como elemento definidor de nuestro tiempo. Es ms, el hecho de que los historiadores anglosajones y germanos retrasen el inicio de la Edad Contempornea hasta situarlo en un jaln, cuando menos un siglo ms cercano a nuestro presente, constituye la mejor evidencia de que en el trnsito del siglo XIX al XX se produce otro cambio importante en el proceso histrico. El historiador ingls Geoffrey Barraclough, en su Introduccin a la Historia Contempornea (Madrid, 1965), se muestra defensor de la postura de considerar que la Historia Contempornea comienza cuando los problemas reales del mundo de hoy se plantean por primera vez de una manera clara. Sin atreverse a sealar una fecha concreta, Barraclough sugiere que el cambio se produce en los aos inmediatamente prximos a 1890. Es entonces cuando se produce el impacto de la "segunda revolucin industrial", mucho ms generalizado que el de la primera. El comienzo de la utilizacin del telfono, la electricidad, los transportes, las primeras fibras sintticas, etc., seran buena prueba de ello. La intervencin de la masa en la poltica a partir de los ltimos decenios del siglo XIX, constituye otro importante rasgo diferenciador que permite a este historiador en esos aos un cambio de rumbo en la historia. Y por ltimo, para sealar solamente las notas ms significativas, el cambio operado en las estructuras de las relaciones internacionales, en el sentido de que Europa, que hasta entonces haba ocupado una posicin central en el concierto de la poltica mundial, se vio desbordada por las fuerzas externas a ella. Es la etapa que seala The end of European History, como pomposamente titul Barraclough una conferencia pronunciada en 1955 en la Universidad de Liverpool.Sin necesidad de aceptar este criterio que establece el inicio de la Edad Contempornea en los ltimos aos del siglo pasado, no podemos negar la evidencia de las transformaciones que se producen en ese momento. Esa evidencia nos permite, cuando menos, justificar los lmites de este volumen, no ya en cuanto a su extensin cronolgica, sino tambin en lo que se refiere a su contenido histrico. As pues, hay un siglo XIX histrico, el cual aunque no coincide exactamente con el siglo XIX cronolgico, presenta unos rasgos muy homogneos y unos lmites razonablemente claros que lo distinguen del siglo de las Luces por su comienzo y del actual por su terminacin.Al siglo XIX se le ha denominado el siglo de las revoluciones liberales y burguesas, y, en efecto, se abre con ese fenmeno de capital importancia para la historia universal como es la Revolucin Francesa, cuyas secuelas se dejan sentir en muchos pases del mundo a lo largo de toda la centuria y que en definitiva terminan por consolidar una serie de cambios profundos en la organizacin de la sociedad, en los sistemas polticos y en la propia dinmica de la economa.
Toma de la Bastilla el 14 de julio de 1789

La Revolución Francesa. Canal Historia

La Revolución Francesa. Canal Historia

Robespierre, incorruptible et dictateur - L'Histoire par l'image

Réunion des Musées Nationaux - Grand Palais

  Contexte historique

D’origine bourgeoise, fils d’avocat et avocat lui-même, Robespierre est l’une des grandes incarnations de l’esprit de la Révolution. Formé chez les oratoriens à Arras, sa ville natale, puis au lycée Louis-le-Grand, à Paris, il subit l’influence de Rousseau, dont le Contrat social détermina ses positions politiques. Député du tiers état d’Artois, il fut le principal animateur du Club des jacobins. L’Incorruptible exerça un véritable magistère de la parole. D’apparence méticuleuse et respectable, il voulut consacrer sa vie au peuple. Après le 10 août 1792, sa popularité le mena à la Convention où il vota la mort du roi. Entré au Comité de salut public le 27 juillet 1793, il voulut réaliser son idéal démocratique en instaurant un gouvernement populaire fondé sur la vertu et, en temps de crise, sur la terreur. L’expression spirituelle de cette œuvre fut l’institution du culte de l’Etre suprême dont la première fête eut lieu le 8 juin 1794. Détesté non seulement par les modérés, mais aussi par les membres du Comité de salut public qui le discréditèrent en multipliant arrestations et exécutions après l’adoption du décret réorganisant la justice révolutionnaire (22 prairial an II, soit le 10 juin 1794), Robespierre finit par tomber le 9 thermidor an II (27 juillet 1794). Malgré le soulèvement de la Commune, il fut guillotiné le lendemain.

  Analyse de l'image

Dans ce modeste portrait anonyme, Robespierre, représenté en buste, nous apparaît dans la mise sévère des députés du tiers état : habit noir avec lequel contrastent un simple jabot blanc et une perruque commune à la plupart des représentants du troisième ordre, tel Mirabeau. Cette austérité, il faut le souligner, n’est pas aussi affirmée dans tous les portraits connus de Robespierre, personnage soucieux de respectabilité et soigné jusqu'à la méticulosité (voir par exemple le très élégant tableau en pied d’Adélaïde Labille-Guiard, exposé au Salon de 1791, aujourd’hui dans une collection privée 1, et le buste dû au sculpteur Claude-André Deseine 2, conservé au musée de la Révolution française, au château de Vizille). La vivacité du regard, l’autorité naturelle et le volontarisme du modèle sont en fait les seuls vrais arguments du portraitiste qui tente ici un portrait psychologique de « l’Incorruptible défenseur du Peuple ».

  Interprétation

On conserve un autre portrait de Robespierre « dessiné d’après nature » par le graveur Vérité, d’un formalisme analogue à celui-ci. La légende en est : « Maximilien Marie Isidore ROBESPIERRE, Député de la province d’Artois / Du superbe oppresseur ennemi redoutable, / Incorruptible ami du peuple qu’on accable, / Il fait briller au sein des viles factions, / Les vertus d’Aristide et l’âme des Catons. » Cette référence explicite aux vertus patriotiques de l’Athènes et de la Rome antiques, incarnées par leurs grands hommes, rend compte mieux que ne le ferait aucun autre commentaire de l’intention qui sous-tend une telle image : portrait de l’âme et manifeste de l’engagement politique au prix d’un renoncement aux privilèges du superflu.

Réunion des Musées Nationaux - Grand Palais

  Contexte historique

D’origine bourgeoise, fils d’avocat et avocat lui-même, Robespierre est l’une des grandes incarnations de l’esprit de la Révolution. Formé chez les oratoriens à Arras, sa ville natale, puis au lycée Louis-le-Grand, à Paris, il subit l’influence de Rousseau, dont le Contrat social détermina ses positions politiques. Député du tiers état d’Artois, il fut le principal animateur du Club des jacobins. L’Incorruptible exerça un véritable magistère de la parole. D’apparence méticuleuse et respectable, il voulut consacrer sa vie au peuple. Après le 10 août 1792, sa popularité le mena à la Convention où il vota la mort du roi. Entré au Comité de salut public le 27 juillet 1793, il voulut réaliser son idéal démocratique en instaurant un gouvernement populaire fondé sur la vertu et, en temps de crise, sur la terreur. L’expression spirituelle de cette œuvre fut l’institution du culte de l’Etre suprême dont la première fête eut lieu le 8 juin 1794. Détesté non seulement par les modérés, mais aussi par les membres du Comité de salut public qui le discréditèrent en multipliant arrestations et exécutions après l’adoption du décret réorganisant la justice révolutionnaire (22 prairial an II, soit le 10 juin 1794), Robespierre finit par tomber le 9 thermidor an II (27 juillet 1794). Malgré le soulèvement de la Commune, il fut guillotiné le lendemain.

  Analyse de l'image

Dans ce modeste portrait anonyme, Robespierre, représenté en buste, nous apparaît dans la mise sévère des députés du tiers état : habit noir avec lequel contrastent un simple jabot blanc et une perruque commune à la plupart des représentants du troisième ordre, tel Mirabeau. Cette austérité, il faut le souligner, n’est pas aussi affirmée dans tous les portraits connus de Robespierre, personnage soucieux de respectabilité et soigné jusqu'à la méticulosité (voir par exemple le très élégant tableau en pied d’Adélaïde Labille-Guiard, exposé au Salon de 1791, aujourd’hui dans une collection privée 1, et le buste dû au sculpteur Claude-André Deseine 2, conservé au musée de la Révolution française, au château de Vizille). La vivacité du regard, l’autorité naturelle et le volontarisme du modèle sont en fait les seuls vrais arguments du portraitiste qui tente ici un portrait psychologique de « l’Incorruptible défenseur du Peuple ».

  Interprétation

On conserve un autre portrait de Robespierre « dessiné d’après nature » par le graveur Vérité, d’un formalisme analogue à celui-ci. La légende en est : « Maximilien Marie Isidore ROBESPIERRE, Député de la province d’Artois / Du superbe oppresseur ennemi redoutable, / Incorruptible ami du peuple qu’on accable, / Il fait briller au sein des viles factions, / Les vertus d’Aristide et l’âme des Catons. » Cette référence explicite aux vertus patriotiques de l’Athènes et de la Rome antiques, incarnées par leurs grands hommes, rend compte mieux que ne le ferait aucun autre commentaire de l’intention qui sous-tend une telle image : portrait de l’âme et manifeste de l’engagement politique au prix d’un renoncement aux privilèges du superflu.